Dudas sobre un mundo mejor

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Parece que los dirigentes mundiales, al menos en nuestro país es patente, están empezando a lanzar mensajes optimistas para cuando acabe la pandemia, a la que ya se divisa su final en el horizonte, un horizonte cercano, según dan a entender. Es preferible contagiarnos de ese optimismo ya que, como hacían los buenos generales en la antigüedad, la mejor forma de conseguir una victoria es insuflar ánimos a la tropa indicándole que la victoria esta cerca, tan sólo a un pequeño esfuerzo final. Y por una vez, puede que lleven razón los dirigentes sociales y políticos, al menos es lo que deseamos sinceramente los ciudadanos.

Lo que no deja de ser curioso es el optimismo que rezuman los mensajes de que, una vez superado el trance y vencido el virus, nos espera un mundo mejor. Sobre esas premisas surgen algunas dudas. Dudas razonables porque nadie abandona sus trincheras sin nada a cambio. El Sistema, dicho así con mayúsculas, no se va a batir en retirada sin llevarse el botín. ¿Alguien recuerda que el sistema económico, el auténtico, o sea las grandes corporaciones en todas sus modalidades, haya salido debilitado de alguna crisis? Antes al contrario: los únicos perdedores, los damnificados de todas las crisis son los ciudadanos de a pie. Todos los grandes bancos, todas las grandes corporaciones económicas, cierran los ejercicios de las grandes crisis con beneficios, a veces con cuantías moderadas en el ejercicio inmediato para aparecer en todo su esplendor en el o los siguientes. Tácticas de marketing económico diseñadas para producir olvido, o al menos conformismo, entre los simples mortales. Así sin más, sin ninguna contrapartida, ¿dejará el sistema que todo se serene, que haya algo de sentido común en la producción, que no se consuma más de lo necesario? ¿Dejará que fluyan las relaciones entre os humanos creando corrientes de acercamiento y de empatía? ¿Estará el sistema dispuesto a dejar de acumular riqueza? Quedan muchas dudas razonables en el aire.

Un aire por cierto menos contaminado. Y es que algo positivo al menos sí parece que va a resultar de tanta tristeza, agobio y sufrimiento: la contaminación ha bajado y mucho, en las grandes ciudades. Queda por ver el tiempo que dura esa bajada de gases malignos. Puede depender mucho de lo que se fomente, pero de verdad, la utilización de los transportes públicos. Ese fomento que debe pasar por dos vertientes: la concienciación de la ciudadanía y la mejora (con el consiguiente abaratamiento) de esos transportes. Es indispensable mejorarlos, ¡y mucho!

Hay algo que, machaconamente repiten los líderes: el futuro esplendoroso de las relaciones humanas; parece que confían en aquello de la “bondad del ser humano”. Es posible que tengan motivos, que conozcan datos que avalan ese optimismo. Esperemos, otra vez más, que no se equivoquen. Porque, ¿dejará el sistema de fomentar la competitividad y potenciará el entendimiento entre las personas? ¿Desaparecerán las fronteras ideológicas capitalismo-comunismo? Mejor ser optimistas porque ya estamos cansados de fracasos y tenemos una imperiosa necesidad de ver una sociedad esplendorosamente feliz. Ese era el pronóstico que daba Karl Marx y han pasado casi 150 años sin que haya cambiado mucho el fondo del problema. Tal vez ahora, ¡ahora sí!, pueda ser la ocasión para un cambio radical que beneficie a la humanidad, a toda la humanidad.

Cuando todo acabe y el jodido bichito sea vencido, porque será vencido ya que nos va mucho en ello, será el momento de resolver una duda final: ¿quién o quienes han sido culpables de la pandemia? Y algo mucho más grave: ¿Ha sido un error o era una estrategia deliberadamente programada? Estas dos cuestiones tan sólo serían para tenerlas presente y que en un futuro no vuelva a repetirse tanto dolor, tanto terror y tanta angustia. No cabe la venganza, la revancha o el ajuste de cuentas, pero sí la certeza de qué ha ocurrido para que no se vuelva a repetir.

Nota final: Es curioso cómo son los países “comunistas” (URSS-CUBA-CHINA) los únicos que han enviado ayuda a los países afectados por la pandemia. El tiempo dirá si es otra estrategia política-comercial o no. Y también dirá si los “bloques” empiezan a ser permeables, lo que perjudicaría notablemente a un EE.UU insolidario, orgulloso y enrocado en sí mismo que una vez más da la espalda al resto del mundo.