Bob Dylan: Arte del que se escribe

El Nobel reconoce que existe un género de literatura nuevo.

913
Bob Dylan durante un concierto. Europa Press

Bob Dylan ha ganado el Nobel de Literatura perseguido por un alud de comentarios, unos a favor y muchos en contra. El Nobel de este año constituye dos cosas: La primera es un abrazo a la novedad y a la creación poética, el reconocimiento de que los sesenta dieron un género nuevo a la literatura; la segunda es una negación de la literatura tradicional: Se acaba de definir tácitamente a la literatura sencillamente como “arte del que se escribe o puede ser escrito”.

Pienso en otros nombres, Javier Marías, por ejemplo; Antonio Gala, por seguir… Javier Marías y su reflejo de la humanidad, Gala y su profundísima sensibilidad. Ambos son parte de la literatura inolvidable del S. XX, ¿se han quedado antiguos? Lo tengo que dudar. Otro que tal baila en suelo patrio es Fernando Arrabal, pero él mismo opina que el Nobel trae cenizo, no está interesado. Si sigo la senda de la música tengo que acordarme de Silvio Rodríguez y del italiano Fabrizio de André.

¿Es mejor Dylan que Silvio? ¿Mejor que de André? Es más, ¿Es mejor Dylan que Cohen? Recuerdo una cena en Córdoba en la que el sabio Sebastián de la Obra (patriarca de la Casa de Sefarad) y yo hablamos de Dylan deshaciéndonos en sus canciones, él para la conversación y dice: Sí, pero hay uno mejor. Y yo, intuyéndole, le digo: Cohen. Exacto, dice él.

Lo que sí es Bob Dylan es distinto a todos los anteriores, el tema del que hablamos no es la poesía tal y como la conciben Silvio, de André y Cohen, que es la tradicional, estamos hablando de inventar cosas. No sé cómo trabajan ni cómo piensan en su proceso creativo, pero en los casos de los tres que no ganaron el Nobel da la impresión de que podrían haber existido en otra época, sus versos se nos van a quedar para siempre pues son universales en el tiempo, en cambio, escuchar a Dylan (que no leerle) en el Siglo XIX hubiera sido tenebroso porque es un producto de su contemporaneidad, es el primero del género y previamente a ello no hubiera tenido sentido. Tiene incluso más de nuevo que el realismo mágico que se le premió a García Márquez, pues, antes que el Gabo, Kafka escribió que Gregor Samsa se levantó siendo una mosca.

Ahí está el tema, Dylan no habla el mismo lenguaje poético que Cohen, Silvio o de André, tampoco habla el mismo lenguaje que sus poetas tradicionales contemporáneos. Su incorporación estética al parnaso viene dada por una vuelta de tuerca a la canción popular. Sabina opina que la canción es un género poético popular y demagógico, Dylan ha sabido demostrar que no: Su poesía, su des-poesía, sus canciones, su-lo-que-quieran supo vestir en los sesenta al lenguaje más popular con los tejidos de la literatura más llana y comprensible, es decir, la que se canta, y sin demagogia, ni remilgos: arte del que se escribe y punto, llámenlo como quieran.

En definitiva, se acaba de reconocer que hay un género nuevo en la literatura: La literatura que se canta, y eso es tremendo. Ni tremendo de malo, ni tremendo de bueno, simplemente tremendo. Los puristas con las manos en la cabeza, los y las músicos con las manos en las guitarras… Y los libros de texto que se editen a partir de ahora, que van a tener que hablar de lo que acaba de pasar, poniendo a trabajar a los académicos, ¡Eso es gloria bendita!

Además está su influencia, después que él ha venido mucha gente, el más reciente a mi entender se llama Amos Lee. Sabina está en ese carro, Serrat lo está menos, quizás esto abra la puerta a un Cervantes cantado, quién sabe. En cualquier caso, es hermoso comprobar que la innovación en la literatura también está premiada académicamente.

Al otro lado de mi reflexión, pienso en la literatura que todos tenemos en el subconsciente. En cierto modo, da miedo pensar que este pueda ser el último clavo en el ataud de los poemas tradicionales, los que se leen y punto. Hay un remanso de paz en la lectura sencilla que con este Nobel parece ya una cosa romántica. De repente, pienso en Gil de Biedma. Nah, si lo pienso bien, los poetas ya ni siquiera queremos vivir de lo que escribimos, así está la cosa, lo bueno que tiene todo esto es que como no se puede estar peor, no le debemos tener miedo a nada.

Arte del que se escribe, he dicho antes… Teoría literaria aparte, volviendo a la academia de la tradición por ideología, creo que les acaban de dar un guantazo. De un tiempo a esta parte los Nobeles eran más por contar tragedias que por escribirlas bien, parecía aquello el Carnaval de Cádiz, así que, qué quieren que les diga: Me alegro. Como él mismo canta: Times they’re a changin!