Eduardo Mendoza deja un legado secreto en La Caja de las Letras que se desvelará en 2037

“Quiero alargar un poco la desaparición de mi recuerdo”, dijo antes de mantener un largo coloquio con Juan Manuel Bonet

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Andalucía al Día, legado Mendoza

Eduardo Mendoza depositó hoy en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un legado personal cuyo contenido no quiso desvelar. Habrá que esperar 20 años para conocer el misterio de la cripta embrujada del Cervantes, es decir, qué objetos dejó guardados bajo llave hasta 2037. Tras una breve ceremonia en la cámara acorazada, acompañado por el director de la institución, Juan Manuel Bonet, y por el secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, el premio Cervantes mantuvo con Bonet una charla distendida y a ratos hilarante sobre su vida y su obra literaria ante más de un centenar de asistentes.

El 21 de abril de 2037: esa es la fecha elegida por Eduardo Mendoza para que se abra la caja de seguridad número 1484. En contra de la costumbre de casi todos los invitados de informar sobre los objetos que depositan, Mendoza prefirió mantener la intriga “con la esperanza –dijo– de alargar un poco la desaparición de mi recuerdo”.

Confesó cuando recibió la propuesta de dejar un legado “me dio un poco de mal fario, como si fuera un entierro anticipado”. “Pero ya no tengo una actitud negativa”, puntualizó, para agradecer la invitación del Instituto Cervantes a seguir la estela de todos los ganadores del Premio Cervantes desde 2007. Mendoza evocó la idea de los clásicos griegos de que “lo único que pervive es la memoria” y por eso quiere que su recuerdo se prolongue envuelto en el misterio durante dos décadas más.

El director del Instituto Cervantes elogió las novelas de Mendoza, que constituyen “un fresco monumental” y “todo un universo” sobre las ciudades de las que escribió: Londres, Nueva York, Venecia, Madrid (con Riña de gatos) y Barcelona (con La ciudad de los prodigios y muchas más). Juan Manuel Bonet afirmó que el discurso de ayer al recoger el Cervantes de manos del Rey fue “uno de los más cervantinos de la toda la historia del Premio”, hasta el punto de que “nos emocionó”.

También recordó la estrecha vinculación que el autor ha mantenido con el Instituto, en especial con los centros de Londres, donde ofreció su primera comparecencia al ser informado de la concesión del galardón, y de Cracovia, cuya biblioteca lleva su nombre.