El abismo de un no

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Foto Europa Press

Por fin, un mes y medio después de conocer los resultados electorales, ¿hay presidente electo? No. No vayamos tan lejos, España sigue siendo España, las cosas de palacio van despacio y el Real Madrid sigue ganando Eurocopas. Lo que ha empezado tras un mes y medio, 53 días aproximadamente, es el comienzo de las negociaciones para investir a un presidente, encargo que Felipe VI hizo a Rajoy, y que Rajoy, con su habilidad innata para hacer cosas extrañas, aceptó sin aceptar. Nunca perdáis la capacidad de sorprenderos, no al menos mientras Mariano Rajoy siga bajo los focos mediáticos. Es vergonzoso que hayamos tenido que esperar tantísimo para que dos equipos negociadores se reúnan, y más aún que esto tenga que ocurrir a iniciativa de un partido que inicialmente formará parte de la oposición, y no del principal interesado, que imagino que es el que pretende ser renovado por una legislatura más.

Todo comenzó por las 6+1 condiciones que Albert Rivera puso sobre la mesa aquel día que movilizó mediáticamente a toda España levantando una altísima expectación para decirnos algo que podría haber mandado en una nota de prensa, pero yo qué sé, serán cosas de hombres de Estado. Esas condiciones también merecen cierta cautela, aunque el Partido Popular las acepta perfectamente porque no inciden (ojo con esto) sobre las cuestiones más importantes de su política.

Albert Rivera coloca definitivamente a su partido, Ciudadanos, como un partido de centro derecha que se diferencia del PP en lo metapolítico, la regeneración democrática.

Entrando en el contenido de las condiciones es cuanto menos chocante que un partido procesado y liderado por Mariano Rajoy vaya a protagonizar un pacto contra la corrupción, y si hay algo que me apena de que las condiciones salgan adelante es que por fin se institucionalizará la carencia absoluta que en este país existe sobre la presunción de inocencia, penalizando con un despido a aquellas personas que hayan sido imputadas en casos de corrupción, ahora llamadas investigadas por la infame reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que el Partido Popular hizo, entre otras cosas, para que las macrocausas como la Gürtel decayeran por necesitar instrucciones demasiado largas. Cosas de la regeneración democrática, imagino también.

Ahora queda saber si Rajoy se levantará de su cama Sanxenxo para ganarse los 6 síes o las 11 abstenciones que necesitaría además del apoyo de Ciudadanos, y aquí es donde las cosas se ponen feas, porque Mariano Rajoy empieza a parecer una estatua de sal y no un ser humano, y no parece que su pasividad pueda forzar que la nueva Convergencia cambie su posición, esos que no son constitucionalistas como al PP le gusta, aunque su ideología converja en todo lo demás.

Y ya ni hablemos del PSOE, haciéndose fuerte en el “No”. El PSOE podría ser identificado como el responsable principal de una nueva convocatoria de elecciones, como si el PSOE fuera el único partido en el Congreso, o se pareciera en algo al PP. Y el PP sigue insistiendo en el deber del PSOE de abstenerse, un deber que parece haberse creado ahora, porque Mariano Rajoy mandó en su momento a España a votar de nuevo, y el PP jamás facilitaría un gobierno del PSOE. Pero hay algo cierto, cada vez que se convocan elecciones se disuelven las Cortes, y cualquier cosa que se esté tramitando decae, dejando a la ciudadanía sin una representación efectiva de sus intereses, gobernados por disfuncionales en funciones en situación de absoluta impunidad política.

Sinceramente, no quisiera estar ahora en la piel de Pedro Sánchez, entre la espada y la pared (y la pared tiene pinchos), como diría el poeta asturiano Ángel González: “prendido en un débil sí, sobre el abismo de un no.”