El argumento definitivo contra el creacionismo: El primer peo de la historia

Harry Cullington, de la Universidad de Winston, Colorado, realiza un pormenorizado estudio filo-antropológico sobre el peo a lo largo de la historia de la humanidad.

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"la creación de Adán", de Michelangelo. Youtube.

El creacionismo tiene la teoría de que Dios hizo al hombre y punto, no obstante, no cuentan con un factor que me parece más que decisivo: ¿Quién se pegó el primer peo de la historia?

Así es como ha titulado el filósofo Harry Cullington su último libro: “¿Quién se pegó el primer peo público de la historia?” un ensayo sobre la evolución de la razón social humana y su comportamiento antropológico, adentrado en un concepto absolutamente alejado de la meta-física y más que cercano al meta-no.

De haber hecho al hombre tal y como es hoy en día, seguramente, ese ser humano no se hubiera pegado el primer peo de la historia por vergüenza. Por lo que, reteniendo el aire dentro, hubiera explotado sino de angustia de falta de espacio. De ese modo, el ser humano se hubiese extinguido entero y entero por un problema estomacal.

Por contra, se plantea el hecho de que el ser humano fue un homínido que se peyó a lo largo de la historia con la naturaleza animal que a los animales caracteriza. De esa forma, el peo hubiera evolucionado al mismo paso que la humanidad, pero en dirección contraria por salir desde la retaguardia.

Siendo así, es comprensible que el pegarse un peo entre colegas haya sido causa de aplauso en múltiples ocasiones, evolucionando el arte en cuestión en sus diferentes vertientes (hoy tan conocidas), convirtiéndose en objeto de concurso su sonoridad, su olorosidad y, en los casos más extremos, incluso su textura. Recordados son, por ejemplo, los peos denominación de origen “alto del Machu picchu” u “oloroso de Jerez”.

De esa forma, el peo se ha convertido en un elemento más de la naturaleza humana tras un proceso de evolución similar al del ser humano que lo fabrica. El filósofo de la Universidad de Winston, Colorado, afirma que el peo tiene también parte de situación política puesto que, como la libertad de expresión, es fácil peerse en la intimidad de lo privado, mas peerse en público es motivo de censura social desde tiempos inmemoriales, acudiendo, de esa forma, a la teoría Aristotélica del foro que, siglos más tarde, recogen Hannah Arendt y Jurgen Habermas en “El peo público” y “Teoría de la acción del peo”, respectivamente.

La teoría del caradurismo

Rápidamente los sectores de la Iglesia más ortodoxa de Estados Unidos han respondido con una concisa teoría que han denominado “del caradurismo”.

Susodicha teoría explica que, simplemente, el ser humano ha tenido toda la vida más cara que espalda y que, una vez sentados en una mesa, un ser humano (probablemente del Asia occidental) cogió y se pegó un peo tranquilamente ante la cara deslumbrada de impresión de los demás comensales.

En Sullivan, Misuri, el Doctor Hander Nauer (de origen alemán) explica que es bastante probable que, una vez pegado el primer peo, la gente allí presente se dijera: “Pero, ¿Eso puede hacerse?” y empezaran todos a peerse de una forma muy coral.

Hander Nauer explica, a su vez, que existen testimonios gráficos en Mesopotamia donde se habla de una gran nube de aire con capacidad aterradora y destructiva, amén de situaciones pictóricas de peos incluso prehistóricos en los que se ve una masa de aire saliendo del mollete antequerano del dibujado. Por último, comenta que en la Biblia muchas veces Dios manda nubes con muy mala cara, lo cual podría ser una alegoría a un peo, en este caso divino.

A pesar de la teoría del caradurismo, la comunidad científica ha aceptado la teoría del peo como un hecho antropológico que acrecienta aún más la creencia en el evolucionismo y el filósofo Harry Cullington ha sido nominado al Premio Nobel por tan sonora reflexión la cual, según ha explicado, se le ocurrió mientras estaba en unos asuntos.