El auténtico poder

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Por si alguien tenía duda, el Tribunal Supremo nos aclara el panorama: la Banca es la que manda.

El ciudadano de a pié, todavía bien pensando y bien intencionado, se preguntará las razones que han llevado a todo una institución que debería ser la garante Suprema de los derechos de la ciudadanía y salvaguardar el Estado de Derecho, a decir una cosa y a reglón seguido decir lo contrario. Hace unos días, el Tribunal Supremo establecía en una Sentencia que el impuesto de Actos Documentados correspondía ser pagado por la banca, es decir por el prestamista. Así se estable en el Artículo 8 del Real Decreto Legislativo 1/1993, de 24 de septiembre: “Estará obligado al pago del Impuesto a título de contribuyente, y cualesquiera que sean las estipulaciones establecidas por las partes en contrario: d) En la constitución de préstamos de cualquier naturaleza, el prestatario”

Tan sólo unos días después, el mismo Tribunal Supremo se desdice, pone la marcha atrás y establece lo contrario: que paguen los usuarios, es decir, los mismos que pagan la hipoteca, las plus valías que generan esas hipotecas (abusivas a todas luces), los gastos de gestión de la hipoteca y el seguro que le salga de … las narices al banco endosar al hipotecado. ¿No rozan estos comportamientos bancarios la usura?. Si cogemos una calculadora y hacemos números, el de los gastos de una hipoteca normal, se supera en bastante más de 2,5 veces el interés legal del dinero, según criterios establecidos en sentencias judiciales sobre el particular.

El problema está en ser capaces de reconocer, no los ciudadanos sino el sistema como tal, dónde reside el auténtico poder de nuestra sociedad. Y no se debería enmarcar tan sólo a los límites geográficos de un sólo país, sino al conjunto de todos los países, es decir, al Sistema (con mayúsculas). El problema no es de España, de Francia o de Portugal, sino, como se dice anteriormente, de TODO EL SISTEMA. Es decir, el ámbito que se debe considerar es el global (no viene mal aplicar en este punto el concepto de Aldea Global tan defendido, admitido, admirado y encumbrado por algunos dirigentes políticos). Tomada así la cuestión, las conclusiones son contundentes: el auténtico poder está en el dinero, en los poderes financieros. Reconózcanlo señores políticos: ustedes son las marionetas puestas por el Poder Financiero para que defiendan sus intereses. Al menos ésto, hasta ahora, estaba muy claro para muchas personas. Lo que no estaba tan claro es que también el Poder Judicial formara parte del teatro de marionetas del dinero. Ahora, el Tribunal Supremo nos lo pone en negritas para que no haya lugar a dudas.

La obediencia a los Poderes Financieros se ha convertido en la lacra de nuestro tiempo, en la nueva esclavitud. Guste o no a mucha gente y a los “dirigentes”, esa es la realidad: somos esclavos, TODOS, de los intereses del Poder Financiero. La pregunta que se podría plantear a continuación de reconocer esta realidad sería ¿hasta cuando? Y la respuesta es también inmediata: hasta que tengamos huevos (perdón por la palabrita) de dar un golpe de timón y defenestrar a los poderosos. Otra cosa es concretar la realidad de la respuesta, poner plazos, establecer estrategias, buscar alternativas… Hay que acabar con este sistema sanguijuelesco, devorador de derechos y cercenador de libertades que tan sólo procura el interés de unos pocos, pero de unos pocos de verdad; el número es tan limitado que si se dieran datos reales, causaría auténtico escándalo y vergüenza cómo unas pocas personas, no más de siete familias, son los que mangonean el Sistema y ponen a sus pies a toda la sociedad. ¡Tal es el poder del dinero!

Tenemos una revolución pendiente: la revolución contra el dinero, contra la dictadura del poder financiero. Hay que hacerla ya, no valen paños calientes ni trámites parlamentarios, no se puede respetar a quien no respeta. Y el Poder Financiero, no respeta a nadie: su dictadura no conoce más límite que aumentar desmesuradamente el contenido de sus arcas, acumular riqueza y poder a costa de pisotear la condición humana. Hacen ostentación de su esencia fagocitaria. ¡Duro, pero real! Y lo peor es que las marionetas interpuestas (clase política, medios de información, gobiernos, etc.) negarán esta situación con el caramelo del ilusorio “reparto de poderes”.

Hasta ahora parecía que el Poder Judicial estaba a salvo de las manipulaciones y de la obediencia al Poder Financiero. Por si alguien todavía guardaba esperanzas, se desmoronan sus expectativas: también el poder judicial es mangoneado por el auténtico poder.

Por eso, hay que eliminar el Poder Financiero, sólo así seremos personas auténticamente libres. Esa es la tarea que tienen sobre la mesa los dirigentes sociales y políticos y que dará sentido a un futuro justo y democrático donde se pongan las bases del respeto a la condición humana.