El calambrazo

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Bueno, pues parece que a los españoles nos gusta que nos machaquen, que nos dejen limpia la cartera (ya de por sí con telarañas) y que se rían de nosotros.

Viene a cuento lo anterior, a la vista de la respuesta que hemos dado a la convocatoria de la protesta por la subida de la luz, mejor podríamos denominarla atraco, porque la subida es navajera o como se dice en mi pueblo: de escopeta y perro.

Eso sí, en chistes, ocurrencias, bufonadas, gracias, chuscadas, chirigotas y chascarrillos somos los número uno del mundo mundial. Tiene su mérito, oiga, que eso de sacarle punta a las putadas que nos dejamos hacer, también tiene su arte y su migajita de gracia. “Por lo menos nos reímos”, que decía ayer un contertulio. Y llevaba razón: nos reímos… aunque eso sí, ¡pagamos!

Parece que nos hace gracia y nos gusta eso de poner la lavadora de noche, planchar y cocinar en lugar de dormir y acudir al trabajo al día siguiente con unas ojeras que ni el Canal de Suez; debe ser algo que llevamos en los genes. Y es que la ciudadanía española debe haber sufrido una enorme mutación genética porque no hace tanto, se salía a la calle y se planteaban huelgas generales por cualquier motivo, para reivindicar derechos o para protestar por los abusos o injusticias.

No es extraño el asombro del niño preguntando a su padre en la composición de Ismael Serrano:

“Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
De gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo
Y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana
Y canciones de los Rolling y niñas en minifalda”

 

Parece que aquello de la furia española, el orgullo y la rebeldía de los hispanos, no son más que leyenda sin ninguna base real. Tal vez el 2 de Mayo nunca existió… o que las cuatro décadas de oscurantismo y abstinencia democrática del siglo pasado han dejado muchas secuelas.

¡No damos para más! Seguimos soportando que los mostrencos, los elefantes blancos que supuestamente trajeron la democracia (surgen dudas sobre la idoneidad del término), se llenen los bolsillos todos los meses, sin dar un golpe, con lo que pagamos los ciudadanos por la luz. Porque no es que la luz haya tenido una subida más o menos abusiva, no, es que en lugar de factura nos van a enviar cédula de notificación por la que se legaliza el robo, el atraco y el asalto a nuestras economías (es un decir eso de economías, más adecuado denominarla miseria). Esa subida de la luz es un insulto a la dignidad de los ciudadanos, y lo peor de todo es que ese insulto, ese atraco con guante blanco, se produce con el consentimiento de los que supuestamente nos representan. ¿Dónde quedó ese compromiso electoral de cierto partido de nacionalizar la red eléctrica? Porque por parte de las otras formaciones políticas ni siquiera hubo compromiso electoral.

Y por supuesto de los marginados por la sociedad, esos que sufren pobreza energética y de las otras desde hace décadas, no es que se hayan olvidado, es que sencillamente para los poderosos no existen… y no existen porque no son rentables.