El consumo de una dieta rica en grasas monoinsaturadas reduce la inflamación y el estrés oxidativo

Científicos avalan el consumo de una dieta rica en grasas monoinsaturadas como el aceite de oliva para la mejora de los factores de riesgo del síndrome metabólico.

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Este trabajo de investigación, publicado en la revista Molecular Nutrition and Food Research, y liderado por los doctores José López Miranda, subdirector científico de Investigación Clínica en el IMIBIC, director de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Interna del Hospital Universitario Reina Sodía y Catedrático de la Universidad de Córdoba y Elena M. Yubero Serrano, incide en que la ingesta de una dieta inadecuada debido a la composición de su contenido graso, como es el caso de dietas ricas en grasa saturada, contribuye al desarrollo de sobrepeso, obesidad y síndrome metabólico, preludio de la diabetes y de la enfermedad cardiovascular.

El estudio respalda el consumo de una dieta rica en grasa monoinsaturada, como es la dieta Mediterránea rica en aceite de oliva, en la mejora de los factores de riesgo del síndrome metabólico, disminuyendo los niveles de ciertos compuestos tóxicos y oxidantes que se generan en los alimentos que consumimos y en el interior de nuestro organismo. En este sentido, el consumo de este tipo de grasa reduce los niveles de los productos finales de glicación avanzada (AGEs, por sus siglas en inglés), compuestos altamente tóxicos y oxidantes que se generan en el interior de nuestro organismo, como parte del metabolismo normal, y que aumentan progresivamente durante el envejecimiento y en condiciones patológicas, como en la diabetes y la obesidad. Los AGEs, además, se ingieren a través de la dieta, ya que se forman en los alimentos que consumimos dependiendo del método de cocinado, aumentando así la cantidad total de estos productos en nuestro organismo.

Diversas pruebas indican que, además, los AGEs están implicados en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer o la demencia, o incluso en el proceso de envejecimiento. Estos hallazgos respaldarían el uso de nuevas terapias dietéticas específicas y personalizadas para mejorar los factores de riesgo del síndrome metabólico.