El coreógrafo Marcos Morau llega al Teatro Central con ‘Voronia’

Voronia, la pieza más exquisita, más coral y sofisticada de la danza producida en nuestro país, llega al Teatro Central de Sevilla los días 12 y 13 de mayo

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Andalucía al Día, voronia
Foto http://www.laveronal.com

La Veronal abandona por un momento los mapas de la superficie epidérmica del globo para adentrarse en la geografía escondida de la Tierra. Voronia, la cueva más profunda del mundo, situada en el Cáucaso occidental (Georgia), es el punto de partida para articular sobre el escenario los mecanismos que girarán en torno a la idea del Mal.

Así como la oscuridad se define como tal por la ausencia de luz, el Mal se define por la ausencia de bien, atentando contra la razón y las leyes de connivencia impuestas. La maldad es una realidad exclusiva al actuar humano. Como bien lo explica San Agustín: «Los parámetros morales de bueno y malo solo existen entendidos en relación a las acciones de la vida humana; por lo tanto el Mal, solo puede ser llevado a cabo por el ser humano».

La Cueva de Voronia ha sido escogida como alegoría de este infierno, representado en escena a través de una fuerte carga simbólica donde figuras e imágenes, como rastros y guías en este recorrido poco luminoso, se cargan de enigmas y contradicciones y cuya verdad es cuestionada continuamente. Así como en el mito de la caverna de Platón, las formas discernidas son solo un espejismo de su esencia real, que no tienen forma y
se deslizan sobre la piedra.

La Veronal sigue con el trazo laberíntico en la dramaturgia de sus piezas, que generan en la audiencia una atractiva experiencia a través del encuentro explosivo de danza, texto e imagen, y en la que cada individuo encontrará su propia representación.

En Voronia todos los elementos escénicos conviven en un continuo estado conflictual, donde lo que debería ser y lo que es no acaban de resolverse y clarificarse. El espectador se coloca en un lugar de necesidad constante para descifrar los códigos de las imágenes
presentadas, insinuadas, opuestas y que rápidamente son destruidas y remplazadas en una situación dramática que se transformará vertiginosamente en lo inesperado.

En contraposición al duelo figurativo, se encuentra el movimiento dancístico, también dirigido en esta línea dramática de ruptura semiótica. La danza en Voronia deconstruye de manera minuciosa la secuencia orgánica, que deviene así una refracción profunda,
una discusión del cuerpo con el propio cuerpo, un grito sin voz, en movimiento, para ir lo más lejos posible en busca de la ejecución suprema y captar el camino para su ascenso al mundo inteligible.

El coreógrafo Marcos Morau -que recibió el Premio Nacional de Danza en 2013- dirige este espectáculo para 8 bailarines, 8 figurantes y un niño.