El deber de Gobernar, los juegos de Nash, y la responsabilidad

Si bien que Podemos entre en el Gobierno no parece recomendable, cesar las conversaciones lo parece aún menos.

109
Sánchez e Iglesias reunidos. Europa Press

La fecha está fijada: el 22 de julio Pedro Sánchez acudirá a la investidura. La votación será el 23. El PSOE tiene el deber de gobernar, qué duda cabe, pero un exceso de tacticismo puede ser fatal para el país. Sobre la mesa de negociación están las cartas de un juego de Nash. Se acordarán del juego de la gallina porque James Dean lo hizo famoso en Rebelde sin causa. Dos chicos tienen un coche y conducen hacia un precipicio, ganará el que frene más cerca del abismo.

Parecería que el problema es que todas las estrategias convergen en este juego, no obstante, es sencillo encontrar un problema. Para una democracia parlamentaria, lo que propone Nash en este juego es una ficción; y es que en el juego de la gallina, el que gana se queda con todo, lo cual equivaldría a una mayoría absoluta (si somos bienintencionados) o una tiranía (si somos realistas).

Pero Nash, no obstante, propuso otros. Hay juegos de cooperación, palabra que el PSOE no se cansa de repetir. En estos juegos de cooperación, ambos participantes consiguen algo satisfactorio, aunque no “todo el pastel”. Sí, el deber del PSOE es gobernar, pero abandonar el camino de a responsabilidad sería un error mayúsculo.

A Nash, por cierto, le recordarán de Una mente maravillosa, donde Russell Crowe desempeña un gran papel. En esta escena queda todo muy bien explicado:

¿Entonces qué?

El PSOE tiene dos opciones, que Ciudadanos o el PP se abstenga o llamar a la puerta de Podemos. Ciudadanos y PP observan que su abstención es imposible (¿será tan imposible como era la abstención del PSOE frente a Rajoy?) Al otro lado, Podemos articula una palabra que suena a sortilegio: Gobierno de coalición, a lo cual, el PSOE parece no estar dispuesto.

El precipicio son unas segundas elecciones. Otra vez. Sucede que, para el caso, el PSOE parece que no cae desde tan arriba. Todo parece indicar que unas segundas elecciones le beneficiarían en cuanto a número de escaños, del mismo modo, todo parece indicar que susodichas encuestas no cuentan con la abstención como fuerza de voto. Las demás fuerzas políticas deben contar con la volatilidad, especialmente Ciudadanos y Podemos. En cambio, el PSOE, recuperado ya el nicho que se fue a Podemos, debe tenerle pavor a la indiferencia.

Hoy Pablo Iglesias publica un artículo en La Vanguardia en la que observa que: “Si se verifica la hipótesis del PSOE y la investidura no sale adelante tras presentar un acuerdo integral de gobierno de coalición, nosotros nos comprometemos a revisar nuestra posición.” En el juego de la gallina, ¿habrá frenado ya Podemos?

Futuribles pactos

Ante esto, no cabe sino pactar. Sus señorías tendrán que observar que obtener el cien por cien del tesoro es quimérico. No puede ser que con un parlamento fragmentado (es decir, un parlamento al que llamar parlamento) hablar con las demás fuerzas democráticas dé tanto repelús.

Si bien parece del todo excesivo que Podemos, con un cuarto de los escaños del PSOE, pida entrar en el Gobierno, el cese de la conversación también es un error. Si Albert Rivera fuera un liberal normal, no habría mayor problema en tragar saliva y pactar con él, pero no es el caso. Así que no queda otra que tener una larga conversación con la formación de Iglesias, máxime leyendo el artículo antes mencionado en La Vanguardia, donde los ejes programáticos entran dentro de la lógica de la izquierda (y del tiempo en el que vivimos y su necesidad).

Si bien que Podemos entrase en el Gobierno resultaría anodino, el PSOE tendrá que ofrecer otro “caramelo”. Aceptar más enmiendas de Podemos en un acuerdo programático a cambio de que Podemos renuncie a su pretension gubernamental es la opción más plausible y, probablemente, lo mejor para el país, que es, al fin y al cabo, de lo que estamos hablando.

Las segundas elecciones deberían dejar de estar sobre la mesa

Pensar en unas futuribles segundas elecciones le debería causar pavor a todas sus Señorías. Especialmente si observamos que sería la segunda vez consecutiva en que esto tiene que suceder. Podría lanzarse aquí la acusación de que el columnista no propone nada salvo lo obvio, pero tampoco es cierto: propongo que el Congreso actúe como lo que es, un Parlamento con el nombre equivocado donde la política se ejerza parlando.

Acostumbrémonos al pacto como uno de los elementos más importantes de la política. Seguramente sea positivo, es una forma de que las propuestas parlamentarias se moderen, así caigan de un lado o de otro. Quizás estas palabras no las hubiera durante la etapa de Rajoy, sucede que, lastimosamente, antes no había un chimpancé en la Casa Blanca, un orangután en el Gobierno Italiano, ni un grupo de simios en el Congreso.