“El día después”, reflexiones de un ciudadano

122

Pues ya llegó el día tan deseado por algunos y tan temido por otros: el día después de las elecciones. A partir de ahora, y durante algunos días, tal vez un par de semanas, los que han fracaso rotundamente se negarán a aceptarlo porque ello significaría verse en el brete de presentar su dimisión. Al menos desde el punto de vista del que escribe, y desde una óptica puramente electoralista, otro análisis más profundo llevaría mucho tiempo y estaría fuera de lugar, serían al menos 3 los personajes que debería irse a su casa y dedicarse a otra cosa.

El fracaso más estrepitoso es el del Sr. Rivera, pero no le va a la zaga don Pablo Iglesias. Tal vez algo más alejado, pero con más responsabilidad, el Sr. Sánchez debiera ir pensando en coger su carpetita, meter los dos folios de las ideas que tiene para el discurso y volver a ejercer su anterior trabajo. Porque lo del Sr. Sánchez es, de largo, lo más grave: poner a un país al borde del precipicio económico y social, es rozar muy de cerca la irresponsabilidad. No estaría mal que, estos tres señores, por respeto a los ciudadanos, desaparecieran del panorama político.

No se puede reprochar nada a los ciudadanos porque es impensable que el caracolero y el toreo de salón al que se ha dedicado la clase política de nuestro país, no se corresponde, ni se merece, el respeto de la ciudadanía y el sentido del deber para con la democracia. Los ciudadanos hemos votado mayoritariamente, y no porque se lo merezcan los políticos, sino porque tenemos claro que el derecho a votar es algo que hemos conquistado, un logro nuestro. La democracia no es un don otorgado graciosamente por una élite descarada y desubicada, sino una conquista sudada, trabajada y conseguida por la ciudadanía. Y eso es lo que hemos hecho: cumplir con nuestro deber ciudadano.

La ciudadanía ha hecho sus deberes, incluso, como en esta ocasión, una ración extra que nunca se nos debió imponer. Y hemos cumplido sobradamente con nuestra tarea a pesar de que los cansinos avisos de “que viene el coco”, nunca debieron sonar en los altavoces sociales. Ahora, desde este mismo momento, la pelota está en el tejado de la “clase” política. A partir de ahora, son los políticos los que tienen los deberes pendientes, y esos deberes se los hemos puesto nosotros, los ciudadanos que, con excesiva benevolencia, hemos ido demorando pasarles la libreta esperando, ¡vana ilusión!, que se portaran como lo que debieran ser: portavoces y representantes nuestros, defensores de nuestros intereses y valedores de nuestros anhelos, esperanzas y sueños. Porque esa es la pragmática de la democracia: que los representantes del pueblo trabajen para el pueblo y con el pueblo.

El balón, nos repetimos, está desde este momento en el tejado de los que deben tomar las decisiones para beneficiar el país, para velar por el conjunto de los españoles y para poner la mirada en cotas más altas. Es hora de dejar a un lado intereses propios y de partidos. Los únicos intereses que deben valer son los de los ciudadanos y ello, porque nos merecemos mucho más respeto de la clase política.

 

Así que, señores representantes nuestros: empiecen los deberes que para mañana es tarde.