El fútbol despierta el lado gay de los ultras nazis del Betis

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The Village People. Europa Press.

Reconócelo, más que el gol, te gustan las reacciones. La euforia que se desata dentro de los cuerpos, la testosterona que se libera y parece derramarse en el segundero del marcador. Desde que te sientas con ese hombre que, cada domingo, acude al fútbol después de ir al gimnasio, te tienes que poner la bufanda en el regazo. Alguna vez le has acariciado su cabeza afeitada y te has imaginado si todo lo lleva igual de delicado. Cómo huele, qué ganas tienes de que venga el verano y todos os quitéis la camiseta -no sé si decir que os la quitaréis los unos a los otros- y enseñéis vuestros apasionados tatuajes.

Por eso, cuando suena eso de “oé, mucho Betis, é”, tú, que sabes que es uno de los grandes éxitos de los Village People, sacas a pasear tu bufanda y, como el que no quiere la cosa, te agarras al pechazo del que está a tu lado. ¡Ah, los Village People! Lo que más te gusta de este Betis de Setién es que, con tanta raza distinta, juegas mentalmente a que el Betis es tu particular Betis People. William Carvalho es el soldado; Canales (esa cara de bueno…), el vaquero, y así hasta que te ves a ti mismo entre ellos, entre esos muslos de cemento. Como diría Luis Alberto de Cuenca, entre “esas piernas que son cohetes al centro de la Tierra”. “Oé, mucho Betis, é”.

Reconócelo, quieres que marque el Betis para que se produzca esa delicada avalancha que hace que tus musculados compañeros caigan sobre ti. Como dijo un señor más ducho que yo en estos temas: Te gusta que te enderecen la columna. El fútbol, nazi reprimido, en realidad es tu excusa. Eres un disfrutón que viste de satén en sus fantasías, un bandolero apasionado por la carne del membrillo, un dragón dormido esperando a que venga un caballero y le despierte.