El fútbol: la lengua y la patria común de cualquiera

Paolo, mi amigo el de la Juve -todo el mundo tiene defectos-, habla ese español que hace que el español crezca. Como Robinson.

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Johan Cruyff y Frank Beckembauer en el Mundial de 1974.

Tengo muchas ganas de que vuelva el fútbol. Hablo con mi amigo Paolo a través de videollamada, habla un muy buen español. Hablamos del calcio. Él fue portero, cuando pudimos coincidir en un campo, yo pesaba 15 kilos más que cuando jugaba bien. 7 más que ahora, y ya es decir. Mis amigos le dijeron que yo jugaba de Pirlo y después de haberme visto se estuvo riendo de mí bastante tiempo. El otro día hablábamos de los equipos que nos han marcado: Yo no vi jugar al Milán de Sacchi, él es algo mayor y sí. Aquel Manchester que ganó la Champions en Barcelona, cuya alineación empezaba y acababa por nombres que no sabíamos pronunciar entonces: Schemichel en portería y Solskj… Soks… El asesino con la cara de ángel en la delantera.

Qué ganas de que vuelva el fútbol

El fútbol es el camino más hermoso para recordar a mi padre. Mi padre, mi hermano y la infancia, que al fin y al cabo es la patria de cada cual. ¿Se acuerdan de la jugada de Redondo contra Neville en la banda de Old Traffor? No se muevan de ahí. ¿Se acuerdan del hat-trick de Ronaldo? Beckham sacando un córner. Alguien lanza un melón y Zidane, con la profana magia que tenía en las piernas, lo convertía en una pelota de fútbol.

Y, por supuesto, el Betis. Desde aquel descenso que no me quería creer a mi padre viniendo de un Betis-Tenerife en el que ganamos 3-0. El Betis-Valladolid al que me llevó un vecino, ganamos 2-0, gol de Kowalzcyk y Finidi. Ambos de cabeza. Fue el año que jugamos la final de Copa contra el Barcelona. Figo se ocupó de que la Copa se fuera a Barcelona. Cómo jugaba Figo… ¿Se acuerdan de que Figo podía salir y pegarle a puerta desde las dos bandas? Hubo un tiempo, la Eurocopa de 2004, que hubo cierto debate: ¿Figo o Cristiano Ronaldo? Por aquel tiempo pensábamos que era iluso pensar que Cristiano (este siempre será “el otro Ronaldo”) pudiera ser mejor que Figo algún día.

Aquello que pasaba en Anfield

Mi padre, en una de estas conversaciones con su hermano Justino que tuve la suerte de escuchar, nos dijo a mi hermano y a mí que en Inglaterra había dos equipos: El Manchester (United) y el Liverpool “y luego están esos equipos modernos…”, dijo, refiriéndose a un Arsenal que por aquel tiempo había ganado una Liga sin perder un sólo partido. “Esos equipos modernos…” que nos sabíamos -y me sé- de memoria. ¿Cómo olvidar a Dennis Bergkamp -el penúltimo gran heredero de la escuela holandesa- jugando junto a Henry, Pires, Vieira…?

Un día retransmitieron un partido del Liverpool y me llamó para escuchar aquello. Paolo y yo hablamos de aquel Manchester. Antes de eso hubo una Juventus gigantesca. Luego vino el Madrid de los Galácticos, el Barcelona de Rijkaard, algún año de vacío hegemónico, el Barça de Guardiola… Él hubiera dicho el Ajax de Cruyff, el Bayern de Beckembauer (que había un Borussia Mönchengladbach con Jupp Heynckes que nunca pudo jugar la Liga de Campeones porque, claro, el Bayern de de Beckembauer ganó una Champions detrás de otra).

Y luego vino un Liverpool con “Suneh” o “Dagli” y un tal Robinson. El Betis ganó la Copa del 77 y luego empezaría una de esas cosas que hacen que en Nervión se cante lo de “suben y bajan” y tal y cual. Y el tiempo siguió pasando hasta que un día Robinson, por televisión -sería un partido de Champions-, se callaba para escuchar eso que pasa en Liverpool. La liturgia del fútbol, el You’ll never walk alone que emocionaba a mi padre aun sin hablar más palabras que esas en inglés.

El idioma común

Paolo, mi amigo el de la Juve -todo el mundo tiene defectos-, habla ese español que hace que el español crezca. Como Robinson. Y entre todos hubiésemos hablado un lenguaje especial. El antebrazo extendido, la mano descolgada moviéndose de un lado al otro significa: Tocamos la pelota. El antebrazo extendido con la mano descolgada haciendo un movimiento largo significa: Desplazamiento en largo. La mano al pecho y desde ahí caída en picado en dirección a los pies significa: Bajamos la pelota. Y desde ahí normalmente se va eso de “tocamos la pelota”.

“Tú de nueve”. “Nueve puro”. “5 argentino”. “Por detrás del delantero”. Todo el mundo sabe dónde tiene que jugar si lleva el 2; el 3; el 7, el 9 o el 11. Con el centro del campo restante podemos tener un debate porque en el Barcelona el 4 es para el mediocentro. Depende, pues, de la escuela. Y si alguien es muy, pero que muy bueno, que lleve el 14.

La muerte de Robinson nos ha dolido tanto porque el fútbol es parte esencial de lo que hemos sido, somos y seremos. El fútbol ha puesto nombre a tantas cosas que en esos noventa minutos hemos puesto nuestra infancia, adolescencia y, ya cuando no podemos jugar, parte de nuestra felicidad semanal.

“El día menos pensado/ ese en el que pienso siempre”

La existencia de Dios y el Paraíso merecería la pena sólo por volver a escuchar cómo jugaban Cruyff, Rep, Haan y Neeskens. “¡Y perdieron contra Alemania!” O para volver a escuchar que Cruyff cogió un día y le dijo a Romario que si era capaz de darle al larguero más veces que él, le daba la tarde libre. Y cómo aquel loco puso a los extremos cambiados de banda. Y Bakero de delantero centro. Y tú, no sé, Fernando, a mí me gustas de 6. Fíjate en Guardiola, mira lo que hace… Eran los noventa y nadie pensaba en estas cosas. Ya lo escribió Manuel Alcántara “El día menos pensado/ ese en el que pienso siempre”. Cuando no hay fútbol, todos los días parecen ese.