El gran barítono Leo Nucci actúa esta noche en Sevilla arropado por la Italian Opera Chamber Ensemble

Esta noche a las 20.30h en el Teatro de la Maestranza

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Andalucía al Día, Leo Nucci

Uno de los más grandes barítonos verdianos ,o barítonos a secas, pues él cuestiona la existencia de una escritura vocal para barítono específicamente verdiana- de las últimas décadas, Leo Nucci, vuelve al Teatro de la Maestranza cuando ya ha ingresado en la categoría de las venerables leyendas vivas que, en cada nuevo recital, acrecientan su prestigio. Con obras de Verdi, Donizetti o Bellini -es decir, de belcantismo en estado puro- Nucci actúa arropado por el Italian Opera Chamber Ensemble en una reunión que permitirá al aficionado disfrutar de las sutilidades musicales escondidas en unas partituras de ópera desveladas ahora en la desnudez de un conjunto de cámara y la voz de un cantante, sencillamente, extraordinario.

Leo Nucci (Castiglione dei Pepoli, Bolonia, 16 de abril de 1942) es esa clase de cantantes “no famosos y que no anuncia relojes”, dice él con ironía, que sin embargo se disputan las grandes casas de ópera pues siempre engrandece las producciones en las que actúa seduciendo al público. En el Teatro Real de Madrid, el 23 de junio de 2009, logró tal delirio del público que, obligado por el clamor de la audiencia, se convirtió en el primer cantante en la historia del coliseo lírico desde su reapertura en 1997 que bisó un aria -el “Si vendetta, tremenda vendetta”- encarnando el rol que más satisfacciones, y más de 500 contratos, le ha dado en sus 43 años de carrera: el jorobado de “Rigoletto”, de Verdi.

Nucci se formó estudiando con Mario Bigazzi y Giuseppe Marchesi y ganó el Concurso de Spoleto de 1967, lo que le llevó a debutar como Fígaro en “El barbero de Sevilla” de Rossini, otro rol en el que ha hecho historia. Sin embargo, ingresó en el coro de la Scala de Milán, siguió estudiando y tras ganar otro concurso en Vercelli, en el 73, fue “Rigoletto” en escena y debutó en la Scala, como Fígaro en una producción del gran Jean-Pierre Ponnelle, en el 77. Solo en la Scala ha sido dirigido por batutas como Solti, Chailly, Abbado, Muti o Maazel.

Desde entonces, su timbre expresivo y oscuro ha deslumbrado al público en todos los grandes teatros de ópera del mundo -Metropolitan, Covent Garden, Ópera de Viena…- encarnando más de 45 roles, especialmente belcantistas y veristas. Entre sus muchos galardones y distinciones destaca el Premio Caruso en 2004. Sin embargo, y reflexionando sobre su propia carrera, el propio Nucci, que se considera “un cantante afortunado” por estar dotado con una voz “milagrosa” -”nunca he ido al otorrinolaringólogo”, presume- dice que su éxito ha radicado, sobre todo, con su desempeño escénico.

“Soy un cantante de los que convencen más en escena que en disco. Me dicen que canto ahora mejor que hace 20 años. No creo que esto sea así, exactamente. La voz no es la misma, aunque se mantiene en forma. Lo que he conseguido adquirir con el tiempo es el fraseo, el trabajo con la palabra. (….) Es un error juzgar a un cantante por su voz y no por su capacidad para articular el texto y hacerlo vibrar. La ópera nació desde el teatro”.

Efectivamente, y como saben los espectadores del Teatro de la Maestranza que han disfrutado en vivo del gran Rigoletto de Leo Nucci, la última vez en la temporada 12/13, la capacidad escénica del barítono verdiano es portentosa y carga a sus actuaciones de un plus teatral que muy pocos cantantes líricos en el mundo pueden dar, incluso a los 73 años, pues Nucci se mantiene en plena forma física y es capaz de irse directamente desde el aeropuerto a un teatro a ensayar tras un vuelo de 18 horas, como hizo hace pocos años en Pekín,“Cantar es lo más fácil y lo más difícil del mundo. La técnica no es un artificio; se estudia canto para encontrar la verdad vocal que hay dentro de nosotros”, ha dicho Nucci, muy crítico con la sobreestimación de la técnica -”se ha convertido en un negocio”- como con los cachés estratosféricos de algunos directores de orquesta o directores de escena que multiplican la carestía de unas producciones con dramaturgias que “no hacen justicia a las indicaciones del compositor”.