El guitarrista granadino Carlos de Jacoba presenta “Alpaca Real”

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Carlos de Jacoba

“Porque la alpaca implica nobleza y sobre esta se sustenta la realeza”. Es la explicación de Carlos de Jacoba a su elección del título para su primer álbum. La alpaca o plata blanca presenta, además, procede recordarlo, alta resistencia a las corrosiones. Y nos remite, claro, a esa proverbial alusión de los gitanos viejos a lo imponente que le caía a uno de ellos su traje de alpaca… ¡Pues claro! Como el que se entalló Rafael de Paula para asistir a la presentación de mi Diario de un paulista. ¡Qué paseíllo el suyo! También es el de Carlos de Jacoba, hermano de un cantaor que nos está cambiando la época a golpe de salidas por seguiriyas y dolencias por tangos, un disco de andares gitanos y toreros, el eco de cuyos pasos está llamado a perdurar una eternidad en la soleá que aquí nos deja, en verdad modélica, tan añeja y suntuaria como renovadora en su indagación de acentos, una soleá para emborracharse de punzantes nostalgias y darse sin recato a la bebida de sus sentencias pausadas e inspiradas por el vino añejo.

Con las colaboraciones de lujo de Estrella Morente, Diego El Cigala, David de Jacoba, Sorderita, Bernardo Parrilla, Ramón Porrina y Piraña, la producción de Jesús de Rosario y los arreglos de Diego Amador, dos artistas paradigma de gusto a la hora de vestir una música, Alpaca Real era un disco muy esperado por quienes hemos asistido a los triunfos de Carlos de Jacoba en citas como la Suma Flamenca de Madrid o el Festival Flamenco On Fire de Pamplona. Y es con sus referencias a Camarón y Paco, las aportaciones de Carmela de Las Grecas y el gran Benavent o sus sutiles guiños al tan cimero e influyente como casi secreto guitarrista que fue Manzanita un disco animado por una concepción muy pura del flamenco y, al tiempo, alimentado por un cierto sonido que nos retrotrae a los 80, tiempo en que nuestro arte reagrupó patrimonio y energías para cobrar un impulso cuya estela aún no ha concluido.