El minotauro y la vuelta del mito

Siguen "Los martes, milagro" en el Fernán Gómez, esta vez con Minotauro, también de Arte-Factor que sigue a "Cervantes en el parnaso".

659
Cartel de "Minotauro", con Daniel Migueláñez, caracterizado taurinamente como Teseo. Oficial

Reconozco que la opinión clara y concisa de qué me ha parecido la obra propuesta por Carlos Jiménez tendrá que esperar. A veces bien y otras veces inaccesible, quizás no fuera una obra para cualquiera o me falte estudio, que puede ser. No me gustaría decir cosas que no he madurado, ni sería justo.

Diré lo que sí que sé: Sé que la apertura que hace Pasífae me parece una contraposición al cierre que Hécuba hace en la Ilíada de la vida de su hijo Héctor, que minutos más tarde se va a enfrentar Pélida Aquiles y bien sabe que no va a salir de ahí. El deber es puñetero y Héctor sale, combate y muere. Pasífae, encarnada bien por Maite Brik, llora la muerte de su hijo Androgeo, asesinado con crueldad en Atenas, y pide a su marido Minos (Joaquín Navamuel) que encare la guerra que Atenas con su asesinato ha propuesto. Esa contraposición de la muerte de un hijo me gusta.

También se ha de decir que la postura que Cortázar y Borges tienen del Minotauro es muy parecida, como pudiera demostrarse en Los Reyes (obra que nos trae aquí) y La casa de Asterión, cuento brevísimo que Borges publica en 1947 y que luego recoge en su celebrado El Aleph. Ambos libros fueron publicados en 1949, según he podido investigar.

Borges se enamoró perdidamente de Allan Poe y de su interpretación de los clásicos y de los ancestrales: Cogía un cliché tradicional (un minotauro malvado) y lo humanizaba, o lo ponía de bueno, o de sufrido. Cortázar tradujo a Poe y, según Vargas Llosa afirma en un prólogo de una edición que la Editorial Alfaguara hizo de sus cuentos, lo hizo de una forma maravillosa. ¿Quién sabe si confluyeron?

El caso es que Borges plantea a un Minotauro que vive en su casa y que no tiene, siquiera, por qué salir, pues la gente le asusta y le pesa incluso el aire. Sencillamente espera a una especie de redentor para que calme su existencia. Cortázar primero y la dramaturgia de Jiménez después buscan también esa cara oculta en la que el Minotauro no tiene otra cosa de qué alimentarse, salvo lo que le dan; y quiso y quiere a su hermana, aunque ya no la vea…

La compañía Arte-Factor me gusta, ténganlo por seguro, sobre todo Crismar López, que aquí es Ariadna. Ya en Cervantes en el Parnaso considero que hacen un gran trabajo y siguen esa línea, aunque la complicación del texto es crucial (y miren que lo anteriormente nombrado no era fácil). Tienen, sin dudas, mi voto de confianza, sin embargo, la valoración estudiada, crítica y ensayada de qué me ha parecido Minotauro, como digo, tendrá que esperar a que yo mismo me aclare.

…Aunque bien es verdad que es honesto decir que no sobra de la escena, que entretiene (como mínimo) y que lo pasé bien.