El mito de Carmen en el Matadero de Madrid

La exposición "Carmen, lecturas de un mito", resalta el carácter libertario de la heroína.

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Exposición 'Carmen, lecturas de un mito' en Casa del Lector (Madrid)

Si hablamos de una mujer maga, exótica, exuberante, libertaria, indómita, morena, étnica… No, no es alguien de la India, ni de una isla del Pacífico, ni del África occidental, ni del Brasil: Es Carmen, la cigarrera inmortalizada por Merimée primero y Bizet después, a quien se dedica: “Carmen, lecturas de un mito”, exposición que estará hasta el dieciséis de octubre en la Casa del Lector sita en el Matadero de Madrid.

Uno, que es costumbrista por derecho, sale encantado por lo cuidadosamente bien que está tratado el folklore andaluz, que para la selectísima chusma de la pandereta y el arriquitaun no ha dejado de ser la cancioncilla que entre dientes canta el ama de llaves de Médico de Familia y, recientemente, Paz Padilla en el vergonzoso programa de Bertín Osborne al que la Junta de Andalucía ya debería haber condenado.

El andaluz mediano tiene que tener especial cuidado, que no es lo mismo reírse de sí mismo que dejar que otros se burlen de uno; más cuidado tiene que tener la mujer andaluza, que igual que su masculino singular es burlada, pero, además, sin moverse de la cocina.

La exposición Carmen, lecturas de un mito, comisariada por Luis F. Martínez Montiel y José Luis Rodríguez Gordillo,  es refrescante. Me gusta especialmente que se deje entrever el hecho de que Carmen, sencillamente, hace lo que le da la gana, por eso la llaman maga, bruja o semejantes y le atribuyen poderes fantasmagóricos: Sencillo y triste miedo. Toda esta esfera se consigue a través de una reunión estética de documentos pictóricos, fotográficos y bibliográficos, amén de vestimentas y artilugios de la tabacalera, que hacen una colección sensata y dignificante del mito de Carmen y, por extensión, de la Andalucía corralera que, a pesar de Telecinco, siempre ha tenido la dignidad intacta.

De esa forma se exponen cuadros exquisitos de Romero de Torres, redescubrí Mujer con pistola, que me parece uno de los cuadros más hipnóticos de nuestro siglo XX. La mujer que pinta Romero de Torres es misteriosa y sensual, pero profundamente electrizante en su carácter. Encuentro en esta pintura una clave de salvajismo donde se halla una mujer que quiere dejar de ser la musa para ser quién tiene el poder, en este caso, significado en una pistola.

Otra de las claves de la exposición es la visión de Andalucía que tenía un europeo que ya vivía en la revolución industrial. España llegó tarde; el sur de España, más tarde. Se vivía, entonces, en una sociedad alejada de la industria que suponía para un francés la clave romántica y hedonista de quien no trabajaba doce horas al día en el campo o haciendo cigarros. Todo ello bien reflejado a través de fotografías y vestimenta.

En conclusión, la colección que está en el Matadero de Madrid sobre el célebre mito de Carmen y todo lo que lo rodeó es una hermosa demostración de la Andalucía más profunda, primitiva y digna focalizada en la cigarrera que, afortunadamente, a final del S. XIX puso a Sevilla en el mapa de la Ópera; posteriormente en el de la libertad y, en la segunda mitad del siglo XX, en el del feminismo.