‘El Príncipe’ de Maquiavelo, el eterno debate sobre las sombras y luces del poder

El Teatro Góngora acoge mañana esta obra con versión y dirección de Juan Carlos Rubio

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Andalucía al Día,
Fernando Cayo interpreta "El Principe"

Una obra basada en textos del pensador florentino, según el cual el ejercicio del poder necesita de maniobras, estrategias y decisiones que no siempre son éticas. La pregunta es, pero ¿podríamos vivir sin ellas?. Se trata de un eterno debate -plenamente vigente cinco siglos después del análisis de Maquiavelo- que este espectáculo, interpretado por Fernando Cayo y adaptado y dirigido por el cordobés Juan Carlos Rubio, sube ahora a las tablas. El montaje ha pasado con gran éxito este verano por los más importantes festivales clásicos del país (como Alcalá, Olmedo o Almagro) y acaba de representarse en los Teatros del Canal, en Madrid.

Para escribir el texto, Rubio se ha inspirado en la figura de Maquiavelo cuando está elucubrando El Príncipe, su obra más inmortal. La escribió en 1513, mientras está encarcelado al caer en desgracia tras la caída de la República, a la que ha servido en importantes misiones. El dramaturgo montillano también ha utilizado para armar su creación fragmentos de otras obras del florentino, como Discursos sobre la primera década de Tito Livio y Del arte de la guerra, además de diversas cartas personales.

Pase el tiempo que pase, es obvio que las reglas del poder siguen siendo las mismas. Por ello, “en estos momentos de convulsión política, de mentiras, de corrupción, de abusos, echar una mirada al pasado nos puede ayudar a comprender mejor el presente”, destaca Rubio, que ha ambientado la acción en los años sesenta, con el protagonista en el sótano de su casa, rodeado de libros, una grabadora y el tocadiscos. Es “un Maquiavelo que nos acerca más a un analista o un político actual”, añade. Un personaje, además, en horas bajas, que en su tiempo escribe un libro para que Lorenzo de Medicis le devolviera su trabajo como asesor político. Su objetivo es mostrar cómo los príncipes deben gobernar según las distintas circunstancias, y cómo pueden mantenerse con éxito en su poder a costa de cualquier acción. La conservación del Estado obliga a obrar “contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión”, escribe Maquiavelo. Para ello se requiere dejar de idealizar gobiernos imposibles y aceptar que el ejercicio real de la política contradice con frecuencia la moral, y que jamás debe guiarse por ella. En definitiva, palabras inquietantes “que parecen escritas esta mañana”, resalta Rubio.

Considerado uno de los actores más completos del panorama actual, Fernando Cayo se enfrenta en este monólogo -el quinto de su carrera- a lo que denomina “una joya para mi vida profesional” y “un ochomil de los más complicados que he subido”. En su opinión, la lectura actual de El Príncipe va más destinada a que el pueblo conozca cómo son los políticos, a qué tensiones se ven sometidos o cómo toman sus decisiones. Lo que hace el texto, explica, “es convertir a los políticos en seres humanos, profundamente humanos, para que nos demos cuenta de que no son seres superiores que vienen de otras galaxias. Tienen las mismas pasiones que el resto, las mismas debilidades, y como seres humanos, se les debe juzgar, trabajar con ellos, elegirlos, apoyarlos…”.

“La obra no va contra los políticos. No es un tema de buenos y malos”, afirma, por su parte, Rubio. Sin embargo, advierte que “la clase política debe aprender de Maquiavelo que el pueblo no es tonto, que no se le puede utilizar para el enfrentamiento y la frustración”.