El PSOE, un problema interno

Con todo mi cariño y respeto, a las bases del PSOE

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Por supuesto todos los afiliados y afiliadas dicen que ha ganado el candidato o representante de su partido, pero creo que lo más objetivo es decir que el debate se da por ganado cuando gente independiente da por ganador o ganadora al de tu partido.

¿Conocen ustedes a alguien ajeno al PSOE que diga que el debate lo ganó Sánchez?

Si uno ve el programa del PSOE para estas elecciones, podrá observar un programa sobrio, conciso, con propuestas equilibradas y, por qué no decirlo, buenas intenciones respecto a alcanzar un sistema socialdemócrata. El problema no es, por tanto, un problema de contenido que, además, Sánchez debe comprender y manejar, al menos en la parte económica, por ser un hombre ducho en la materia.

Viene aquí la pregunta: ¿Quién lleva la campaña en el PSOE y quién ha hecho el programa?

César Luena es el Secretario de Organización y Acción Electoral, doctor en Humanidades con el que me encantaría tomar un café para hablar de García Márquez, pero que, viendo que Pedro Sánchez no es mal orador, todos deberían preguntarse qué pasó en el debate. Seguro que Luena trabaja como nadie y que es un hombre voluntarioso, pero, ¿No estaría mejor llevando el área de cultura? Suponemos que no, a juicio de Sánchez, pues vemos que el área de cultura la lleva Iban García del Blanco, licenciado en Derecho, en cuya biografía de la página web del PSOE podemos ver que ha sido columnista, que tiene un blog y que se define como “un lector voraz”. Entendemos que es al menos, un apasionado de la cultura, pero no un técnico de la misma.

El sistema interno del PSOE propicia que la cantidad de delegados federales que lleve cada federación a un congreso sea determinante. Es por ello que, para ganar el voto de las grandes federaciones, hay que situar aquí y allá a determinados militantes. De ese modo, las ejecutivas del PSOE se nutren de un batiburrillo de personas que no siempre son las más aptas para el cargo que ocupan. De ese modo, Sánchez se ha rodeado de un “comité de expertos” que no tienen por qué militar en el partido, pero que son afines al mismo. El perfil de las personas que “militan” en este comité de expertos sí es el de intelectuales sabios en la materia que manejan y fueron elegidos por Sánchez, según parece, sin que medie nadie más. Son los que, según El Mundo, han elaborado el programa. La actual forma de elegir ejecutiva puede que sea la que permite escuchar más a las federaciones, pero es precisamente por eso por lo que también permite muchas estrategias en torno al poder. Una posible solución intermedia entre una asamblea pura y el sistema actual sería la de que el candidato o candidata a la Secretaría General no se presentara sino con una lista ya hecha de quién estará en qué puesto de su ejecutiva y, en base a eso, cada militante ejerciera su voto hacia una lista, no hacia un solo nombre. Máxime cuando se tiene una militancia deseando participar y que acudiría a votar en masa, pues en otros partidos la tan esperada participación dejó mucho que desear.

Leí hace poco un excelente libro: “Los Simpson y la filosofía“, de Irwin, Conard y Skoble (Blackie Books), en él, Aeon J. Skoble escribe el ensayo “Lisa y el antiintelectualismo estadounidense”. En este sobresaliente ensayo Skoble analiza el rechazo que en la sociedad estadounidense crea el científico remilgado y sabelotodo en comparación al hombre de la calle, mediando en todo esto la frase “mi opinión vale igual que la tuya”. El PSOE juega a las medias tintas, coloca a personas de la calle en su ejecutiva, pero para el programa ficha a Ángel Gabilondo y Sami Naïr. Busca un equilibrio que en la práctica, visto está, no resulta. Como vimos en el capítulo de Los Simpson en el que un grupo de intelectuales de lo más snob gobierna la ciudad, tanto sofismo tecnificado puede no ser la solución, buscar el equilibrio seguramente sea lo más sensato, pero con los resultados de este experimento en la mano podemos ver que hay que buscarlo de otra forma.

Dicho todo esto, no me siento quién para decirle a una asociación de la que no formo parte lo que debe hacer y lo que no, ni cómo manejarse internamente, no quisiera pecar de “enterao”, de hecho, presento aquí mis buenas intenciones y expectativas de ser lo más respetuoso posible, no obstante, tampoco soy yo quién va a sacar el peor resultado electoral de mi historia. Eso sí, como ciudadano que ve y que vota, y que busca por todos los medios ser lo menos tonto posible, creo que ésta puede ser una de las razones matrices del desastre que al PSOE se le viene encima.