En defensa del asturiano

Si el asturiano lo hubiera hablado un conde y no un minero, la historia hubiera sido distinta.

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Manifestación en Oviedo por la oficialidad del asturiano. EUROPA PRESS

Galeano dijo que los nadies no son, aunque sean, que no hablan idiomas, sino dialectos. Me parece un ejemplo válido para lo que venía a decir. Los hay que estamos a veces minusvalorados y otras veces minorizados; no se imaginan lo que es pedir una servesa siendo andaluz en Madrid, debe de ser parecido pedir xarda en un bar capitalino siendo asturiano.

Si el asturiano lo hubiese hablado un Conde y no un minero la historia hubiera sido muy distinta, pero el nadie siempre busca cambiar de nombre. El no tener poder es lo que tiene, y perdón por la redundancia. El asturiano es, bajo mi punto de vista, una lengua minorizada, que no minoritaria; se empeñan en apartarla de la normalidad y reducirla a dialecto o a habla, sin embargo, el asturiano tiene gramática propia: La forma de los verbos es sustancialmente distinta y las oraciones, por poner un ejemplo, se formulan con el pronombre cambiado respecto al castellano, es decir: “mi abuelo lo hizo bien”; “fízolo bien el mi güelu”.

Me llama especialmente la atención que en la Junta del Principado de Asturias haya carteles en ambos idiomas, sin embargo, no se habla dentro por no ser oficial. Es decir, el idioma es un fantasma que recorre el edificio donde reside la soberanía de Asturias, como aquel tipo que intentaba ocultar un elefante en el Congreso.

Normes ortográfiques de la llingua asturiana. EUROPA PRESS.
Normes ortográfiques de la llingua asturiana. EUROPA PRESS.

En Andalucía pasa parecido, ¿con qué acento hablan los que dan las noticias?, ¿qué acento intenta poner el que habla en televisión o el que recita poesía? Tenemos, también aquí, la falsa percepción de que la cultura popular no puede ser oficializada, que es una manera de institucionalizar las vendas en los ojos y la cera en los oídos.

En cuanto a la España conservadora se refiere, se empeña ésta en que España sea una nación homogénea (¿se acuerdan cuando Wert dijo que había que españolizar Cataluña?). Es por ello que la cultura que no conviene queda aislada en el cultivo y la razón de lo “cateto”, mientras que la cultura vendible pasa a ser patrimonio de toda España: Es decir, irá un japonés a Valladolid pensando que allí habrá tablaos flamencos y, sin embargo, cuando llegue le dirán que el flamenco es propio de Andalucía.

En España, país de la paja en el ojo ajeno y recorte de oftalmología en el propio, está asumido que conocer otras culturas es bueno y, sin embargo, las culturas que forman parte de este país son escondidas cuando no se pueden vender como reclamo turístico. Se hace como si no existieran y se cierne sobre ellas la censura de lo vulgar; en Asturias, decir “eso ye de paisanu retiráu” denota algo chabacano y vulgar, razón de más para que el nadie del que habla Galeano, el paisanu, como todos los nadies del mundo, se convierta y, para no hacer cosas de paisanu retiráu, deje de hablar en su lengua.

Sería conveniente abandonar la percepción de que un país homogéneo es mejor que uno que no lo es. Lo primero por no faltar a la realidad; lo segundo por celebrar la mayor joya cultural que hay en España, nuestra diversidad; por último, para reconocer nuestras identidades y ser, también en esto, un país más igualitario.

Naguando pola oficialidá.