Entre canciones y cuentos

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Foto Europa Press

Pues sí, entre canciones y cuentos es como me vienen las ideas en esta ocasión para comentarles cómo va el país. Canciones porque mientras pensaba en el cuento de los siete cabritillos se me vino a la cabeza la canción de Pimpinela, ya saben, esa que decía Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta… (y disculpen por hacer que durante un rato la estén cantando de fondo mientras me leen), y cuentos porque sinceramente es lo que nos han vendido muy dignamente, cuento porque nuestro presidente e-mocionado y no electo ya nos está mostrando la piel de lobo que realmente viste, que es la misma que cubre los cuerpos del resto de políticos que escañean (la palabra no existe pero se entiende su significado) holgadamente gracias al pueblo.

Pero empecemos por el cuento antes que con las canciones, pues es que hay otra que me lleva rondando muchísimo tiempo y ya es hora de darle el uso ad hoc a la misma. El cuento, en cuestión es el de los siete cabritillos, como ya les he mencionado. Pero con ciertas modificaciones, más que nada para que les sea más fácil de asimilar (y sin ofender, que la finalidad de los cuentos y fábulas es la de aprender). Bien, pues estaba la nación (los cabritillos) muy hacendosa en su casa, la nuestra, intentando arreglar el estropicio que le habían dejado cuando alguien a la puerta llamó. La nación, la nuestra, me reitero por si es que no lo han pillado, fue a ver quién era, y ya antes de preguntar sabía que era un lobo quien estaba al otro lado de la puerta, y no solo porque asomase una de sus patas por debajo de la misma, sino que además se le veía el plumero (la cola) bailando mientras el susodicho ya se relamía. Aún así la nación preguntó:

– ¿Quién es?
-Soy Sánchez Castejón, tu salvador el lobo, contestó.
-No, que eres un lobo ladrón, la nación respondió.
-Abre la puerta que te traigo promesas de futuro y viandas. Que te voy a colmar de hermosos ministerios y los otros países ya no te tomarán a guasa.

Y así de ilusionada la nación le abrió la puerta a Sánchez Castejón, y vaya con qué lobo se encontró, muy guapo el “jodido, zalamero y resultón”, pero en cuestión de poco tiempo con sus mentiras se zampó a la nación. Mentiras con las que compró el alma (votos) de catalanes y vascos, permitiendo el acercamiento de asesinos terroristas y manchando la memoria de sus víctimas, permitiendo que los presos golpistas/políticos (táchese lo que no le proceda) se acerquen también a su tierra, cosa que en este caso no veo mal, y prometiendo que no habría más impuestos, cosa que ya los está buscando para decorar su palacio, ya que le parece poco que paguemos casi un cincuenta por ciento del combustible en gravámenes y nos lo va a subir. Y mientras que transformaba la casa de la nación en su feudo-palacete-trono inquisitorial con sus mentiras y más mentiras, vinieron algunos cantando por PPimppinela, llamando a la puerta, cosa que el lobo Sánchez (nada que ver con el lobo López de Kiko Veneno), con voz de nación afligida y engañada les respondió (y disculpen si la canción les vuelve a taladrar el cerebro):

-¿Quién es?
-Soy yo. (Digamos que era Soraya, Pablo, la Cospe… si es que allí fueron todos, los seis, con la misma cantinela)
-¿Qué vienes a buscar?
-Busco un futuro en el que el presidente elija al elector y el elector elija al presidente. Perdón (joder con la marianitis). A ti, a ti.
-Ya es tarde.
-¿Por qué?
-Porque soy Sánchez Castejón y ya os eché de aquí.
       »Por eso vete…

Y es que los candidatos al liderato del PP se creen que el que salga vivo y victorioso de el proceso interno de su partido va a conseguir gobernarnos sin más y, por supuesto, triunfando en las próximas elecciones generales, como si de un paseo triunfal fuese. Pero si no han hecho más que empezar y ya se están pisoteando los unos a los otros, aireando los trapos sucios y pregonando historias por los mentideros de la capital. ¿Es que así creen que nos van a dar la suficiente confianza para gobernarnos? Si es que de esos ochocientos mil afiliados que decían tener parece que se ha quedado en ochocientos o mil, si incluso había un número bastante curioso que adeudaba la cuota. Si es que ahora mismo entra Don Pimpón por la puerta (que ahora dicen que el personaje era un búho) y tiene más posibilidades de regir en el partido por el simple hecho de portar las siglas en su nombre. Que con la sangre que va a correr habrá suficiente rojo para hacer patrióticos los lazos “indepes”, y ya al gusto de los de la rojigualda o de la senyera. Si habrá rojo para todo y para todos.

Y ya que le hablo de cuentos y de canciones se preguntarán dónde quedan los otros bien sonados, los de naranja y morado, pues ya les digo que son personajes dignos de El libro de la selva, en versión dibujitos de Disney. ¿Quiénes son? Y no piensen en los personajes principales, ni en los buenos y tampoco en los malos, porque en esta trifulca entre canciones y cuentos están un poco verdes, tanto que aun hablamos de bipartidismo cuando sus partidos destacan notablemente. Pues no, ni el tigre, ni la pantera, ni el oso, ni la serpiente, es que ni el orangután y mucho menos el elefante. Son un par de esos buitres con los mismos aires ye-ye de los Beatles, pero sin tanto “yenesecuá”. Pero ahí están los jodidos, esperando rejuntarse con el resto en la casa de la nación, la nuestra, y cantar todos juntos y bien afinados (que esta canción bien que se la saben): Ahora que no estamos solos, vamos a contar mentiras, tralará, vamos a contar mentiras… Subirán las pensiones lo que realmente se merecen, tendremos un trabajo digno, y las ayudas serán suficientes, tralará, serán más que suficientes, tralará…

-Ascolti, nen, que esa yo me la sé, que se la estuve cantando a los americanos hace muy poco, pero en versión catalana, que es la mejor, como nuestro espetec y nuestro pernil, aunque estemos oprimidos por un estado autoritario y dictatorial al igual que …
-Que ya vemos que te la sabes, no nos turres y entra, Torra.

Y todo ello con las copas en alto, y los brazos apoyados sobre los hombros de los demás, con la exaltación de la amistad en su mayor apogeo, con el rostro lleno de lágrimas de felicidad, tanto como sus bolsillos repletos de nuestro dinero, y todo ello sin hablar de sus risas, más que nada por no herir la sensibilidad de ustedes, mis lectores.

No quiero asustarles, pero que sepan que esto no es un sueño y mucho menos una pesadilla, pero despierten y actuemos juntos para que entre sus cuentos y sus canciones no nos coman la vida. Gracias.