Escribir poesía, digamos, un jueves

La poesía es una disciplina, lo del despojo humano que se emborracha y droga y así es como fluyen "sus esencias" es mentira.

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Feria del libro de Sevilla, Europa Press.

Me gusta escribir poesía, ya lo saben ustedes. Bueno, más bien, me gustaría que lo supieran, pues lo que no me gusta son las ínfulas que se da más de uno y más de dos cuando dicen «soy poeta», que lo dicen como si se les abriese un campo elíseo.

Al contrario de lo que acostumbra a pensarse, la poesía es una disciplina más. El mito del tipo que va por la calle y se inspira y rápidamente saca su cuaderno para escribir un poema supersentío es mentira. También es mentira el mito del despojo humano que se emborracha y droga y así es como fluyen «sus esencias». Hay un trabajo poético y consiste en sentarse y trabajar, como en las demás cosas.

Ya puesto en el trabajo de escribir, llega ese momento. Si bien es cierto que el mito del tipo que va andando y las musas le bendicen es una patraña, también es cierto que llega un momento en que das en el clavo de lo que quieres decir mientras estás sencillamente pensando. Ese momento es una explosión que no sólo es buena para la escritura, también es bueno para el autoestima: Es más que probable que lo que se te acaba de ocurrir tenga el mismo valor que el de un ladrillo, pero lo cierto es que en ese momento uno se ve ya en Estocolmo a punto de recoger el Nobel de Literatura.

Escribes el verso y dices: «Ole» y te sacas un pañuelo, como si estuvieras en la plaza de toros del parnaso, y sigues con lo tuyo.

Esa es la diferencia sentimental entre escribir poesía y escribir cualquier otro género. En los demás géneros no hay éxtasis, más bien al contrario, hay una especie de lucha por sacar la cabeza del agua y dejar de ahogarse. Porque uno tiene en la cabeza lo que quiere decir y lo está viendo desde abajo, y trata de escalar, o bucear, o saltar o lo que sea.

Y el objeto está ahí, y se ve, y… el que está escribiendo no es capaz de decirlo como se tiene que decir. Y le da uno diez millones de vueltas y lo escribe y lo re-escribe y vuelta a escribirlo… Por así decirlo, escribir poesía es un acto de felicidad (aunque se escriban cosas tristes), mientras que la narrativa es, por así decirlo, un acto de supervivencia.