Sobre ese chico feminista y sensible que tanto mola

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Sé que esto va a ser difícil. Sé que es duro hacerse a la idea de que ese chaval que tanta pasión le pone a la defensa de tus derechos y libertades es una mentira. Pero chica, siento decirte que la mayoría de tíos que hacen eso están jodidamente locos y están poniendo cepos para cervatillas.

Esta semana, con todo el movimiento por el día de la mujer el miércoles, se han visto cosas dantescas. Y para que no me caigan cuchillos aviso de dos cosas: la primera es que voy a contar tres historias para partirse el pecho, y la segunda es que no niego que haya hombres que de verdad se comprometan. He de decir que no sé qué coño hacen allí, pero existir existen. Para mi el papel del hombre en esta lucha es aplicar al día a día y “tortear” al que saque los pies del plato. Me considero feminista, no veo diferencia entre géneros ni entre nada. Si veo una situación machista intervengo y se termina sí o sí, pero no es mi lucha y no tengo porque estar en la primera línea. Ellas pueden con lo que sea y necesitan y quieren hacerlo por ellas mismas, lo único que tenemos que hacer es no tocarles las narices (aún más).

La primera anécdota va de un chaval larguiducho y feo, muy alternativo. Se obsesionó tanto con mojar que vio el barco del feminismo y perdió los papeles por todos lados. Tanto que se dedicaba a decirle al que pillara, públicamente por redes sociales, que era un machista y ni lo sabía. Se ha quedado más solo que la una, porque todos lo conocíamos. La última que le rechazó era una puta zorra y eso es poco para lo que solía decir de cualquier mujer que pasara de él. Su juego era colgarse medallitas sociales de cara a la galería a costa del resto de chicos de su entorno, pero la que no quería con él era una mojigata. Una joya vamos.

La segunda historia va de un chaval de estos “mágicos”. Guapo, interesante y sensible. Dio gracias a las mujeres del mundo el miércoles, y tuvo muy buena acogida como era de esperar. Eso sí, el fin de semana anterior estaba mandando a freír espárragos a la chica a la que le prometió que era legal. Luego vino el típico “no quiero nada serio” y al poco, coincidiendo en la misma fiesta, ella bebía e intentaba llamar su atención mientras él tenía a su próxima presa localizada a unos metros. Se la llevó a su casa con unos cuantos y no le salió la jugada, así que se cepillo a otra amiga que andaba por ahí con la que era reincidente y estaba dispuesta. Mágico.

La tercera va del típico guay de barrio. Uno de estos tíos que fluyen por la vida. Este lleva tiempo en campaña, siguió subiendo cosas a las redes sociales hasta bien entrado el fin de semana (no fuera a ser menos que el resto). Conozco a una chica que estuvo en su clase, monísima pero jodida de la cabeza. Ansiedad social y tal. Básicamente se dedicaba a “trolearla” y a follársela cuando le daba la gana. Un rollo en plan “estás loca, ven a mi casa y cállate”. Este en concreto me da demasiado asco, porque ni os imagináis lo mucho que se pone la mano en el corazón por el feminismo. Cuando es un grandísimo hijo de su madre, de los que te reconocen que así se moja más sin dudarlo, y que si tiene que pegarse un tiro en el pie ni parpadea.

Y me callo ya, que acaba de entrar Alanis en mi cuarto y me ha pegado una colleja. Dice que ponga el “You oughta now” que seguro que más de una mujer se ha sentido así por ellos. Dice que pase de estos tíos que ya tendrán lo suyo, y que le pase un cigarro que parece que soy nuevo o algo.