España, potencia mundial de debate con problemas para acudir al Campeonato del Mundo

La delegación española, potencia mundial, está encontrando serios problemas para acudir al Campeonato del Mundo,.

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Cartel del mundial de debate (CMUDE) 2017.

El otro día, el cordobés Guille Díaz y Marta Álvarez se proclamaban campeones del II Torneo Nacional Escuela de Finanzas. La conversación que reinó fuera del torneo tenía nombre de país: Guatemala. El Campeonato Mundial Universitario de Debate (CMUDE) 2017 se celebrará en el país centroamericano.

Imaginen qué sucedería si un grupo de personas de entre dieciocho y veintiséis conformara una potencia mundial en, por ejemplo, fútbol. Empresas eléctricas, automovilísticas, marcas de cerveza… Todas ellas peleándose por decir que hacen algo por esa gente.

Lastimosamente, esta gente extraña que trata de encontrar una verdad a través de evidencias científicas que sugieran una postura, o a través de un razonamiento lógico, no llaman tanto la atención como un grupo de personas de la misma edad que, en vez de intentar llegar a una verdad, juega al fútbol.

Córdoba es, por ejemplo, una potencia mundial -sí, mundial- del debate. Si fuera fútbol, la ciudad estaría volcada: Todos los chicos llevarían la camiseta de gente como Pedro González, Gonzalo Herreros o Natalia Gascón y cada vez que uno de los tres clubes debatiesen entre sí se llenarían las gradas y lo llamarían “derby”.

Esto del mercado tiene una rara forma de discernir qué es y qué no es lo mejor para un país.

También da cierto reparo el poco amparo que se da desde las instituciones. Salvo contados ejemplos (dos son Raúl Perales y Pacote Pizarro, a los que como organizador de SICE 2015 no puede estarles más agradecido), las administraciones públicas viven al margen de la cuestión salvo cuando se trata de poner la imagen. Salir en la foto nunca ha sido un problema.

Todo esto mientras las propias instituciones educacionales hablan de fomentar cosas como “la educación informal”, toda aquella educación que no está ni estará en los apuntes. El plan Bolonia (la Biblia del cuento chino) se basa en que hay cosas más allá de los libros, sin embargo, actividades como ésta, transversal a todas las ciencias, son incluso penalizadas por este sistema que en realidad hace elegir entre formarse “informalmente” o suspender.

Al mismo tiempo, las simulaciones políticas languidecen por el mismo problema: el parné. Una simulación política es una escuela de ciudadanía. En ella, se toma la posición de un cargo público para intentar llevar a cabo una política concreta, ya sea en las Naciones Unidas, en el Parlamento Europeo, en el Congreso de los Diputados o en el Parlamento Andaluz, todas estas instituciones tienen, al menos, una réplica simulada.

No nos es extraño que un político caiga en una falacia inasumible; no nos enrarece el cuerpo que una política sea demagoga. Nos extraña, eso sí, que una persona se estudie una ley para esgrimir un argumento legal con conocimiento de causa, es más, sería raro verla en una tertulia al lado de Marhuenda.

El caso es que España es una potencia mundial en algo que, si bien no es perfecto, cuenta entre sus virtudes con el fomento del pensamiento crítico y de la duda en tiempos donde el pensamiento es sectario y la certidumbre de dogmas es total. Por eso me resulta denunciable que para que nuestra delegación pueda revalidar sus numerosos títulos en el mundial de debate, la mayoría de sus componentes tengan que pasar una carrera de obstáculos.

Para terminar, pues creo que no hay mejor conclusión que la demostración de algo, si pulsan aquí verán el palmarés del torneo. Advierto, eso sí, que si salieran los resultados por equipos tendríamos que añadir que el año pasado, el trofeo de campeonas del mundo se lo llevaron Aida González y Atenea Martínez a Galicia. Los resultados hablan por sí solos, nunca mejor dicho.