Esperanza Aguirre es “súperdivina”

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Mario Vaquerizo sorprendió a propios y extraños hace poco cuando dijo “Aguirre es la mejor y lo diré hasta que me muera.” No me parece la mejor, ni mucho menos, pero me parece un ser extraterrestre.

Sucedió en la Calle Génova, aquí el que escribe estaba haciendo cola para entrar en la sede del Partido Popular y contar qué sucedía allí un día de elecciones. Hablaba con periodistas, escuchaba las quejas “este y aquel se han acreditado antes por tú sabes qué cosas”, se decían un redactor y un cámara en un lenguaje en clave que sólo los periodistas conocen. El ambiente era bonito, que no es una palabra muy artística, ya lo sé, pero el ambiente electoral entre el sector periodístico es bonito. Les sorprendería que, lejos de las concepciones de favorecedores, la normalidad periodística es querer contar qué sucede. El otro día en Génova me di cuenta de por qué no soy periodista, yo les cuento a ustedes historias, opino sobre esto y lo otro y finalmente, en condición de politólogo, analizo, pero no les cuento qué sucede. Y si algún periodista les cuenta una historia, en vez de qué sucede, pues no es periodista, es un cuentacuentos, oficio que, por supuesto, persigo.

Y allí estaba yo, cuentacuentos, rodeado de periodistas, acercándome a las puertas de la sede del PP, ataviada de toda clase de artilugios festivaleros para la celebración. Cuando estaba en la puerta, una aristocrática voz surgió a mi izquierda:

-Perdonen, ¿esta es la cola de los medios? -Otra voz distinta dijo que sí sorprendida.- Pues me voy a colar, con permiso.

 Era Esperanza Aguirre, señora de aquel sitio, con un abrigo de piel en cuyos bolsillos reposaban sus anilladas manos, divinísima. -Qué extraño, pienso ahora, que me pasara por la izquierda.- Sepan ustedes que doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos y de Murillo, no anda, privatiza el suelo que tocan sus carísimos zapatos y pasa por Génova como una Reina de cuento de hadas por su castillo. Una reina malvada, sí, pero reina. Aguirre entró a su castillo  estupenda, con ese halo suyo tan fino, tan de bridge  y gin and tonic con las amigas. El Presidente del Partido Popular es Rajoy, pero ella es la reina, incontestable, irrefutable y superior.

Resulta complejo de explicar que, después de haber demostrado su nula capacidad para las tareas domésticas en un programa de televisión que se convirtió en una oda al macho ibérico, haber intentado imponer una reforma contra el aborto, de haber recortado el presupuesto de ayudas contra la violencia de género y cerrado la oficina de ONU Mujeres en España, después de todo eso, a todos nos de la impresión de que en el Gobierno manda Soraya Sáez de Santa María y en Génova doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, que el día en que Rajoy se confirmó como peor Presidente de la historia de España, en el balcón de Génova, se quitó de la foto.