El espíritu de la moción

Sin querer hacer debate del debate, les pido que antes de forjar su opinión consideren si quizás deberíamos haber entendido bien las intenciones del formato, o si deberíamos haber parado esto hace mucho tiempo.

2843
El campeón de discursos en el CMUDE de México 2014, Carlos Valverde, debatiendo la final del Torneo BP de URJC

Desde el día en que entré por las puertas del club de debate de mi Facultad, entendí que algo muy bonito comenzaba en mi vida.

Por fortuna, he podido debatir en torneos nacionales, internacionales, tascas y algún lugar oscuro a horas intempestivas (en esto no hay descanso). Pero más que mis peripecias me interesa analizar sobre qué he debatido.

Como quizás conozcan, en el modelo académico (explicado aquí por la buena gente de URJC) que reinaba en España hasta 2013, la función era muy sencilla: leer el tema propuesto por la organización, estudiar durante un mes (los veteranos sabemos que son más bien una o dos semanas), e ir a defender el A Favor o En Contra. Ambos por sorteo.

Así, se solían escoger temáticas de índole intelectual y política, que hicieran de tal ejercicio universitario una auténtica búsqueda de la verdad.

Mi perspectiva cambió cuando acudí al Campeonato Mundial Universitario de Debate en Español (CMUDE) de 2013 en Madrid. Aquí aprendí no sólo las diferencias del formato (explicado aquí), si no los objetivos del mismo: aprender a desarrollar un razonamiento exhaustivo, y no un compendio de datos y citas como estaba acostumbrado. Aquí no importaba lo que dijeran Krugman o Stiglitz (“es tan sólo la opinión de dos personas”, nos respondieron en un debate), si no lo que uno mismo fuera capaz de razonar y argumentar. Y para ello, aquí viene lo importante, se debatía de (casi) todo.

En un formato donde las preguntas caducan a cada ronda, la máxima es otra: la búsqueda del raciocinio. Del ejercicio de la lógica en su sentido más científico. De poder mejorar la capacidad que nos faltaba en el debate académico: pensar por nosotros mismos, sin Google ni frases célebres de Mandela.

Para ello, yo he llegado a debatir, por ejemplo: “Esta casa, como gobierno de Gotham, se arrepiente de la existencia de Batman” (Torneo Nacional de Lituania, 2015); “esta casa pondría pena de muerte a los políticos corruptos” (CMUDE 2013, Madrid); o la divertida “esta casa cree que los estados debían producir y difundir pornografía contraria al estereotipo dominante de manera activa y competitiva“ (CMUDE 2014, Bogotá).

Siempre entendimos los presentes que Batman no es real (salvo el de Nolan, que si no lo es, debería serlo), que nadie en su sano juicio querría la pena de muerte para alguien por defraudar un euro público, ni que íbamos a nacionalizar la industria del porno (ya que no es un servicio tan básico, entiéndanlo). Fueron las reglas del juego, y supimos entenderlas tan bien como entendimos debatir el mismo día sobre la creación del Estado de Israel o la complejidad de los productos financieros.

La polémica del CMUDE celebrado estos días en Guatemala ha explotado cuando se anunció que los presentes debatirían la moción: “esta casa cree que el colectivo LGTBI+ debería incluir la P de Pedofilia como parte de su movimiento”. Y estalló todo. Las redes sociales ardían con debatientes de habla hispana de todo el mundo discutiendo (adoctrinando algunos) si era adecuado o no poner una pregunta así en una competición como esta.

Quiero que saquen sus propias conclusiones, pero para ello me gustaría apuntar tres condiciones a tener en cuenta (como posiblemente hicieron algunos compañeros en Guatemala):

La primera es que este movimiento existe. Por desgracia, no es un ejercicio imaginativo del equipo de adjudicación (consultores internacionales independientes que escriben las preguntas a debatir); si no un movimiento que comenzó en EEUU en los años 70 con NAMBLA (la asociación norteamericana del amor hombre/niño, por sus siglas en inglés) y que sigue hoy con movimientos (a mi parecer, repugnantes) como el de Virped. Es por tanto una realidad desagradable, pero real y que lleva años reivindicando su adhesión al movimiento LGTBI+.

La segunda es que, pese a lo que muchos piensan, hay una diferencia profunda entre la pedofilia y la pederastia (si bien siendo ambas dos condiciones de enfermedad grave), como reconoce la asociación americana de psiquiatría. La pedofilia, a diferencia de la pederastia, no recurre al abuso sexual.

La última condición a tener en cuenta es el contexto que les ofrecía unas líneas más arriba: tener que defender una postura desagradable (y/o ridícula) en un debate de este tipo ha sido una costumbre aceptada durante años, precisamente por su diferente anhelo respecto al debate académico: razonar per se, y no en búsqueda de una verdad consensuada.

Sé que es un tema polémico, sensible para muchos de nosotros, pero no he visto alzar la voz al cielo cuando he presenciado debates sobre la eliminación de la iglesia católica a nivel mundial o, incluso en formato académico, si el islam es compatible con la democracia. Sin querer hacer debate del debate, les pido que antes de forjar su opinión consideren si quizás deberíamos haber entendido bien las intenciones del formato, o si deberíamos haber parado esto hace mucho tiempo.