Estudiar derecho en tiempos de Gobierno en funciones

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@FernandoCamacho, politólogo.
@FernandoCamacho, experto en postureo.

A la hidalga merced del gentilhombre
Señor Don Nicolás Duato,
que rió con finura mis pueriles gracias.

Llega un punto estudiando en que o todo o nada tiene gracia. En lo que a mí respecta he leído en mi libro de Historia del Derecho que hubo un “Codicilo de Isabel la Católica”. Codicilio. San Codicilo. San Codicilo de Lutecia. No tengo yo con lo mío, encima, el libro de Historia del Derecho me recompensa con la burlona adquisición de una nueva palabra graciosa a mi famélico vocabulario. Antes, descubro una fórmula del Derecho Castellano de la baja edad media que era esta: “Obedézcase, pero no se cumpla”, la cual he reflexionado durante quince largos minutos sin llegar a encontrarle más sentido que el hecho de que, cuando se descubrió o se inventó susodicha fórmula, también se descubrieron o se inventaron los materiales wasa-wasa. Obedézcase, pero no se cumpla. Ese hombre que pensó esto en una larga mañana de abril, que se levantó y le dijo a su compadre jurista:

-Manolo, sepa vuesa merced que resuelto he nuestra complicación dialéctica.
-Juanelo, sepa la suya que me parece digno de superior elegía. Ilumíneme, pues.
-Obedézcase, pero no se cumpla.
-Obedézcase…
-Exacto.
-Pero no se cumpla.
-Efectivamente.
-Juanelo, sepa vuesa merced que se explica de forma que no hay en el mundo testa capaz de entenderle. Voto a tal que parece usted catedrático de algo.

Luego está el hecho irrefutable de la tranquilidad que da saber que, según el Código Civil, uno no puede pactar que, en el caso de encontrar cinco pititis salvajes, habrá de entregárselos a nadie por contrato. Y es que tendría error de objeto, pues el artículo 1272 dice que para establecer un contrato sobre una cosa cualquiera, ésta cosa debe ser posible, por lo que, si entendemos que no existen los pititis, será fácil comprender que no hay posibilidad de vender uno. Así que no se preocupen de que sus hijos puedan comprar un pititi a un señor en la puerta de la escuela por dos cosas: 1. Los pititis no existen, ergo 2. Al no existir no se pueden comprar, ergo 3. Tampoco podrían sus hijos hacer un contrato verbal -ni mucho menos escrito- al respecto. 4. Si ustedes son tan soberanamente idiotas de educar a su hijo de forma que acepte firmar un contrato sobre los pititis, éste es nulo, porque además las cláusulas imposibles se tienen por no puestas (artículo 1116).

Lo mismo sucede con la capacidad de liderazgo de Rajoy.

Del mismo modo en Derecho Constitucional sucede que se descubre que, en un principio, iban a ponerle: “Real Norma de lo que al Gobierno le sale de las narices”, pero descubrieron que “Real Decreto Ley” queda mucho mejor. Supongo que las siglas RNGSN no queda comercialmente bien de cara al mundo jurista, como sí queda, por ejemplo, LRJPAC, que es una ley con nombre de rapero.

De verdad, qué gente.