Europa rica, Europa pobre

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De vez en cuando viene muy bien hacer un ejercicio muy saludable para conservar una buena salud mental: rebobinar, volver al pasado al menos por unos momentos, y recordar los hechos que ya son pretéritos. Eso es lo que deberían hacer Alemania y algunos otros países vecinos, esos países “ricos” de esa “formal” (de forma), que no real, Unión Europea. Deberían recordar, sobre todo Alemania, los tiempos en los que era un solar en ruinas, donde ni siquiera las ratas podían subsistir. Ahora Alemania es uno de los países más ricos, si no el que más, de Europa, de esa supuesta Unión Europea que, una y otra vez, pisotean los tacones stalinianos de la Sra. Merkel (lo de stalinianos es porque, como es sabido, frau Merkel perteneció a las juventudes comunistas de la extinta RDA, la Alemania comunista).

No le vendría mal recordar al país germano cómo logró su “milagro económico”, basado en los llamados “préstamos rockeffeler” a un bajísimo interés, porque a la gran banca judeo-americana (los siete magníficos), le interesaba invertir en un mercado de futuro y porque el mercado mundial, el bueno, o sea el del primer mundo que es el que deja dinero, era un montón de escombros necesitado de retro excavadoras, bulldozers, andamios y una legión de mano de obra aunque fuera sin cualificar (como la española de aquellos momentos entre otras).

No le vendría mal a la todopoderosa Alemania, recordar que cuando los interesados en llenar hasta rebosar las arcas hundieron el comunismo de la Unión Soviética, sólo hasta entonces, la humillación de un país dividido en dos, la citada República democrática y la República Federal, no pudo dejar de ser lo que era: la humillación a la que fueron sometidos, como perdedores de una guerra provocada por ellos, por los alemanes. El orgullo que ahora exhiben esos alemanes tal vez sean reminiscencias o rescoldos de aquellos otros representados por la cruz gamada que todavía pueden seguir en el subconsciente, o quizás no tan subconsciente.

Tal vez ya hayan dejado de ser “nuevos ricos” y hayan sacado brillo a sus blasones; eso sí, con el sudor de muchos españoles, portugueses, turcos, italianos y demás mano de obra barata hace algunos decenios y con mucho dinero aportado por el resto de la Unión Europea, igual que cuando hubo que sacar de la banca rota a los ineptos de los banqueros alemanes que se cubrieron de gloria con la “crisis del ladrillo” y con “los bonos americanos”. Como dice el refrán español: “Arrieritos somos…”

Por cierto, que antes de sacar pecho, la maravillosa Alemania debiera pagar las deudas que tiene pendientes. Es decir, las deudas como perdedora de la II Guerra Mundial. Con Holanda, Bélgica, Dinamarca y demás países “ricos” no merece la pena perder el tiempo ya que no son más que marionetas, en términos políticos, de “frau Merkel” y los suyos; son sencillamente fuegos fatuos que se disiparán cuando se acabe el metano.

Y viene a cuento, porque esos países “ricos” han mostrado sus cartas, han dejado muy a las claras que su ética calvinista sigue muy presente en sus decisiones, en su prágmatica, en su modo de vida, en su moral y en su forma de mirar por encima del hombro a los que los rodean. La postura de esos “ricos” para salir de la crisis que se avecina por el dichoso coronavirus es, como muy bien dijo el Primer Ministro portugués, “repugnante”. Lo de los belgas y los holandeses, antaño masacrados por los nazis, a los que ahora besan el trasero… aunque con el tipo de gobiernos que tienen no se puede esperar gran cosa de ellos.

No está de más recordar que fue precisamente Alemania la que, al más puro estilo carroñero, como buitre hambriento, se lanzó sobre una Grecia arruinada por los gobiernos de derechas, en cuando la presa se puso a tiro. El denigrante espectáculo del alevoso embargo sobre país heleno, todavía sigue revolviendo el estómago de las personas civilizadas y con ética. El desembarco germano en Grecia recordó mucho, en las formas al menos, a las supuestamente olvidadas y, también supuestamente odiadas, cruces gamadas, a la invasión de los tanques hitlerianos. Por fortuna no hubo víctimas por armas de guerra, aunque sí muchos suicidios.

Tal vez sea el momento de reflexionar para los países ribereños del Mediterráneo, Francia incluida y por supuesto Portugal. Tal vez sea el momento de dejar de lado a los países “ricos” de la UE y formar una comunidad de países quizás no tan ricos, pero con mucha más moral y sin tanto fariseísmo. Tal vez sea el momento de un referéndum sobre la continuidad en esa Unión Europea que no es más que un mal maquillado mercado común del que se sigue aprovechando Alemania, donde recogen las migajas sobrantes sus lacayos y de la que los países del sur somos simples recaudadores de IVA para las arcas “europeas” y almaceneros de molestos viejos de los países ricos.