Existencialismo institucional: ¿se preguntan las instituciones si sirven para algo?

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Foto Europa Press

Grandes pensadores (grandes tanto en tamaño -véase los y las que miden más de metro ochenta-; grandes en su capacidad -véase los y las que han pensado bien) han reflexionado largo y tendido (más largo que tendido, si se fijan) sobre el porqué se existe (si es que se existe, que hay gente que ni eso) y bajo qué circunstancias tiene sentido la vida.

Ustedes también lo hacen, en cierto modo. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez en la vida para qué ha venido al mundo? Sobre todo después de terminar la carrera, que te paras a pensar y dices: ¿Y ahora, qué hago con este cuerpo y estos conocimientos que lo llenan? A las instituciones políticas eso también les pasa. Por eso en estos momentos, las 00:35 horas del 19 de julio de 2016, no tenemos Mesa del Congreso y así lo atestigua su página web. Hace 80 años, por una cosa o por la otra, según muchos por una España cainita; por una guerra entre hermanos; por un quítame-allá esa política, estábamos igual que ahora.

Pero hagamos como el PP y no nos paremos a recordar este tipo de cosas.

Hay instituciones que permanentemente están en una postura existencialista: -Congreso, amigo, tú que eres mi Cámara Baja, a ti, que te miro desde encima por ser yo Cámara Alta: ¿Yo para qué sirvo? -pregunta, perdido, el Senado. Luego mira en la Constitución y se da cuenta de que sirve para parar ciertas cosas que no gusten a los y las senadoras, ya sea una reforma constitucional o la lombarda hervida.

Quizás el siguiente sea el caso que más me llama la atención: ¿Qué sentirá el soldado de gala que siempre sale detrás del Rey levantando una espada en aras de saludarle? ¿No podría ese saludo quedarse en un amistoso “hola, buenas tardes”? ¿Verá su existencia vacía? ¿Se sentirá un objeto, un mero observador de cómo otros pasan y dan discursos llenos de orgullo y satisfacción? ¿Tendrá complejo de cortina o de tapiz?

¿Estará, acaso, concursando al Mejor Saludo de España 2016? ¿Quizás a hombre más saludable?

Reflexiono sobre el verso de Alejandro Sanz: “¿Qué sentirá la sal?, ¿qué sentirá la arena?” A lo cual se responde a sí mismo: “me da pena”, llego a la conclusión de que si ya sabía la respuesta no sé para qué pregunta.

No obstante, me paro a pensar en que es posible que ciertas instituciones que sirven para poco vayan a un coach de los que se llevan ahora para que les diga que en la Constitución pone que sirven para algo y, que si como Institución de España no se sienten contentas con ello, cambien su forma de vida. Lo cual se puede hacer desde que se constituyan las Cortes, por cierto. A ver si quiénes se van a poner existencialistas, al final, van a ser los y las que habitan Cortes y Parlamentos… Y es que resulta, mire usted, que llevamos siete meses muy pesados en los que nada ha servido para nada.