FACUA alerta de descuentos falsos en las rebajas

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Es 7 de enero, hace frío y media España está cubierta por un cielo nuboso. La otra media está nevada. Pero hoy es el día que arrancan las rebajas en Andalucía y como en años anteriores, miles de compradores hacen cola en la puerta de los comercios antes de que abran sus persianas para llevarse a casa una ganga, o descambiar ese regalo que no les gustó demasiado, y de paso, encontrar algo a buen precio.

Estoy en la puerta de El Corte Inglés de la Plaza del Duque en Sevilla. Son las ocho y media. Al contrario de lo que se pueda suponer, ya hay gente aguardando en la puerta bajo la pérgola que recorre el frontispicio del inmenso edificio que en su día fuera el Palacio del Duque de Medina Sidonia y la Casa Palacio de los Sánchez-Dalp.

Las puertas no se abrirán hata las diez de la mañana, pero a cada minuto que pasa, más y más público se agolpa guardando la posició, intentando colocarse en las primeras filas para entrar y “cazar” una ganga.

Sobre nuestras cabezas un operario armado con un arnés supervisa el desmontaje de las luces de Navidad. Los escaparates lucen su nueva decoración con grandes vinilos pegados a los cristales y a la altura de los ojos, en los que se lee “REBAJAS” en letras mayúsculas.

Estas serían otras rebajas más, como las que cada año se repiten en enero y junio. Pero en estas, precisamente, FACUA-Consumidores en Acción (organización no gubernamental, sin ánimo de lucro, dedicada desde sus orígenes, en 1981, a la defensa de los derechos de los consumidores), ha alertado que “9 de cada 10 consumidores detectaron falsos descuentos en las últimas rebajas”, tras realizar una encuesta a 1.318 personas.

Así, según esta organización “el 88% de los consumidores encuestados por FACUA-Consumidores en Acción detectaron falsos descuentos en la última temporada de rebajas”, por lo que “la asociación invita a utilizar la etiqueta #TimoRebajas para denunciar estos fraudes en las redes sociales”.

“Yo me he encontrado la etiqueta con el precio rebajado, pero si la quitas ves que estaba al mismo precio y no le han bajado nada”, comentaba Carmen, la mujer que se encuentra junto a mí haciendo la cola. Le pregunto si se ha encontrado con problemas a la hora de cambiar algún producto, y me confirma que en alguna ocasión no se lo han querido descambiar.

Según el Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias,  para que no admitan devoluciones en productos rebajados debe existir un cartel bien visible en el que hagan esa advertencia. En cualquier otro caso, están obligados a seguir la misma política comercial que durante el resto del año, es decir, si antes de las rebajas aceptaban la devolución, en este período también tienen que hacerlo.

“Yo a veces no he podido pagar con tarjeta, sólo en metálico”. Con esta matización se unía a la entrevista que estaba realizando otra persona, que esperaba la apertura del  establecimiento.

En estos casos, la Ley especifica que si en la entrada del comercio se exhiben los logotipos de VISA, Mastercard, American Express, etc., y el resto del año admiten esa forma de pago, no la pueden discriminar en rebajas. Sin embargo, sí podrían establecer un importe mínimo en la compra para aceptar la transacción.

Este tipo de irregularidades no siempre son habituales, pero cuando se producen “suponen un fraude a los consumidores, y una práctica de competencia desleal con los establecimientos que aplican en todos los casos rebajas reales”, señala FACUA.

Finalmente, tras la larga espera las puertas se abren. Pierdo de vista a Carmen que entra corriendo para sumarse a la “Melé”, (en rugby, jugada en la que varios integrantes de cada equipo, agachados y agarrados, se empujan para hacerse con el balón) que parece formarse en la puerta, pues con la apertura de una sola hoja, el público se ha colado desbordando a los vigilantes de seguridad.

Dentro, más tranquilo, compruebo las etiquetas. Los descuentos son muy variados, pero el precio original era más alto. Acudo a una caja y pregunto si se puede pagar con tarjeta, y si después podría devolverlo. Me indica que sí.

Así que llegados a este caso, lo único que nos cabe recordar, es que tenemos que ser conscientes de nuestros derechos como consumidores -ya que a veces no se cumplen-, y estar pendientes de los “timos”, puestos que por aquello de “ahorrarnos unos euros”, lo barato acabe saliéndonos muy caro.