Feliz Navidad (y eso)

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Me acabo de dar cuenta de que por las fechas, me ha tocado publicar tanto en Navidad como en el día 1. Mierda. No me considero el más adecuado ni de lejos, así que si eres de los que reciben estas fechas con una sonrisa de oreja a oreja pírate. Yo voy a quemar el árbol a base de colillas, aviso.

Lo único que me gusta de estas semanas es comer y beber, luego beber pasando por beber, coger aire para seguir bebiendo y después fumarme algo comiendo techo. No aguanto semejante cantidad de caras falsas, regalitos y esa sensación de que de repente todo el mundo es genial y todo va que te cagas. Aunque claro, con lo borracho que va todo el mundo como para no pensar así…

Yo, como la gran mayoría, tengo una familia que me toca las narices todo el año y que tengo que aguantar en las cenas. Las preguntas envenenadas, las comparaciones odiosas, las tonterías que suelta tu primo o tu cuñado sobre cómo va el país…que peñazo joder. Después vienen las típicas conversaciones con personas con las que no has cruzado palabra en todo el año y que te encuentras en el cotillón, soltandoos ambos el informe de cómo va vuestra vida de bien cuando en el fondo estáis los dos anímicamente hechos una mierda. Y bueno, siempre está el hecho de tener en mente lo absurdo que es celebrar una festividad religiosa de un credo que se sigue a pies juntillas y no se entiende ni se aplica correctamente. Que me gustaría que bajara quien fuera de allá arriba y empezara a quemar belenes y arbolitos de navidad frente a los típicos puretas…en plan “¡Señora! Que no tiene usted ni idea cojones, que esto me lo quita ya de aquí o se va de cabeza al Infierno. Léase el manual que dejamos hace dos milenios y pico y deje de escuchar a su vecina la Pepi y al párroco pederasta de su barrio, que con ese ya hablaré también por cierto. Pa’ bajo que se va a ir de cabeza y ensartao por detrás lo vamos a dejar.”

Y creo sinceramente que toda esta historia está muriéndose. A mi edad mis padres ya estaban presidiendo mesa con su primer hijo, y yo hoy por hoy parece que voy por lo menos diez años atrasado. Lo que me haría sentirme un mierda si no mirara a mi alrededor y me diera cuenta de que estamos todos igual. Incluso tengo un hermano mayor, el 28 y yo 24. Y yo al menos soy un cabra loca, pero ni os imagináis lo contrario que es mi hermano. Un tío serio, de gimnasio y empresariales. Su carrera, su máster y su inglés. A las puertas de los treinta lo tengo y los sobrinos ni los huelo. ¿Por qué? Porque no hay quien siente la cabeza ni forme una puta familia en este desastre de país, como está el panorama laboral. Pocas cenas familiares vamos a montar si ni siquiera podemos montar una familia en condiciones.

Con los años, los padres y los abuelos se van. Pero los hijos no pueden terminar de madurar. Y cada año en más casas lo que antes era debate entre árbol o belén ha dejado lugar al silencio y a las ganas de que estas fechas pasen sin incidencias, sin pena ni gloria.

Me piro con la frase que digo miles de veces en estas fiestas: “me cago en tu padre Manuéee, merry christmaaaaa…”