“La fierecilla domada” de Javier Rojo; la Judith Shakespeare de Woolf.

La actriz sevillana Anabel García interpreta a Bianca, la agridulce hija de Bautista Minola, que no se casará hasta que lo haga su hermana mayor.

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Cartel de La fierecilla domada.

Showalter diagnosticó tres fases en la literatura: La femenina, la feminista y la que me atreví a traducir como ginésica. La fase ginésica (female phase en el inglés original) se inicia cuando Virginia Woolf inventa a Judith Shakespeare. ¿Qué hubiera pasado si William hubiera tenido una hermana con virtudes semejantes? Lo malo de las preguntas retóricas es que muchas veces tienen respuestas: Mozart tuvo una hermana. Esta Fierecilla domada parte de la obra shakesperiana y, una vez parte, Shakespeare se desvanece y nos adentramos en una visión que cuestiona el texto original.

“La fierecilla domada” de Javier Rojo; la Judith Shakespeare de Woolf.

La sala madrileña Nave 73 propone una revisión de los clásicos con su Festival Classicoff. A este respecto, los días 26 y 27 de julio Javier Rojo dirigía la shakesperiana Fierecilla domada. Hablamos de una de las comedias más representadas del Bardo Inmortal, la expectación era más que evidente: La producción lleva el sello de La Dalia Negra; el elenco es una prometedora reunión de talento; el festival reúne a un muy buen círculo de gafas…

La influencia de la obra es, también, importantísima. Recordemos el argumento: Un padre decide que su dulce hija menor no se casará hasta que no lo haya hecho la arisca primogénita. Los pretendientes se las avían para que eso suceda. La comedia como tal descansa en los malentendidos (técnica imperecedera). Para quien no sitúe la obra, ¿se acuerdan de Heath Ledger cantando Can’t take my eyes off of you en la melosa 10 razones para odiarte? Pues esa película es una soporífera adaptación.

La evaporación de Shakespeare

Los actos son muy fluidos. Resulta básico que pase lo liviano para llegar al clímax y que el golpe se sienta. La obra es eminentemente postmoderna, cabrearía a Javier Marías. Si bien desde el principio esta Fierecilla se mide con la contemporáneidad (véase a García como Bianca, con texto cercano al shaesperiano, pero fumando); una vez se consume el matrimonio de Catalina y Petrucio se propone una revisión de qué acaba de suceder.

El diseño escénico de La Dalia Negra acoge con ternura una serie de incomodísimas perfomances. Se busca con ello que el público observe la dominación de lo masculino sobre lo femenino. En primer término, Anabel García mediante, con tanta explicitud como es posible. En segundo, a través de un crudísimo símil del que se encarga Jorge Alcocer. El director expone así dos cosas: La violencia del que actúa y la pasividad de quien mira.

Una tercera performance protagonizada por Rocío Collins nos lleva al verdadero argumento de lo representado. La representación no habla de una fierecilla domanda, sino de la doma; de la objetivización y el sometimiento de la mujer.

Los roles de género en la representación

En un plano más antropológico -acaso teórico-político-, Margaret Mead teoriza sobre qué es lo masculino y qué femenino. Su conclusión es que lo femenino es algo fijo: siempre es relativo al campo semántico de la maternidad, véase: La ternura, los cuidados, el cariño… Lo masculino es una zanja indeterminada en la que cabe todo lo que se aleje de lo femenino. A este respecto, la representación también es dilatada y tanto Serrano como Meseguer bucean en esa ambigüedad.

Si bien Pepe Serrano -como Lucencio- luce andrógino, lo que luce Melisa Meseguer -que atraviesa varios personajes- es una barba pintada. La sutilidad escénica hace que un texto con más o menos inocencia pueda cambiar su sentido. Alcocer se suma, posteriormente, con una escena bastante más evidente. Esta reflexión sobre los roles de género es el contexto que cierra el argumento, por lo que es necesario observarla. En cualquier caso, sería palurdo vislumbrar lo anterior y dejar de hablar de cinco actuaciones resueltas con destreza.

Hacer algo de Shakespeare o usar algo de Shakespeare, “esa es la cuestión”.

Según observa Cerezo Moreno, la Nueva Crítica estadounidense apunta a que el texto es una unidad en sí misma y es así como ha de ser valorado. No obstante, es la dirección la que decide si quiere hacer a Shakespeare o quiere usar a Shakespeare. En este sentido, la Nueva Crítica rechaza que el contexto sea determinante, sin embargo, no ve que es tan postmoderno el somnífero de 10 razones para odiarte como la representación de la que estamos hablando.

Siendo razonable la opinión de la Nueva Crítica, Rojo puede ponerse la medalla de haber servido contra el amor romántico. Por contra, el director de 10 razones para odiarte puso un ladrillo más en el ya nombrado muro. Lógicamente, la intención de Rojo y Laura Esteban es otra bien distinta: No pretenden mostrar a Shakespeare, sino usarlo contra un problema que de tan común lleva resultando banal demasiado tiempo. 

Ha de volverse, pues, a Woolf. Dusimberre recogía una cita suya en Shakespeare y la naturaleza de las mujeres (1975): “Quería hacer algunas preguntas desde mi visión particular, no desde la impersonalidad a la que me he visto obligada. Mi Shakespeare, no el de otra persona“. Dado esto, comprender que el teatro es un elemento de socialización y usar a Shakespeare como herramienta feminista es más que loable. Lo que estaría mal sería hacer una mala obra de teatro y esta versión de La fierecilla domada es, por contra, una obra muy notable.

Ficha técnica

Texto original: William Shakespeare
Dirección: Javier Rojo
Versión: Laura Esteban
Intérpretes: Jorge Alcocer, Rocío Collins, Anabel García, Melisa Meseguer, Pepe Serrano
Coreógrafo: Juan Maroto
Diseño gráfico y producción: La dalia negra

Bibliografía consultada:
  • Barry, P: (2009): “Beggining theory. An introduction to literary and cultural theory”. Manchester University Press, Manchester.
  • Cerezo Moreno, M: (2017)”Critical Approches to Shakespeare: Shakespeare for all time”. Uned, Madrid.
  • De la Concha Muñoz, A; Cerezo Moreno, M: (2011) “Ejes de la literatura inglesa medieval y renacentista”. Uned, Madrid.