Flexible no es lo mismo que incongruente chaval

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Llevo tiempo queriendo escribir algo sobre una de mis palabras favoritas: la incongruencia. Uno de esos palabros que ya no está en el diccionario del español estándar de barra de bar.

Explicar en plata lo que es la incongruencia es muy sencillo: si tu color favorito es el rojo, no te puede gustar tanto el azul. Eres incongruente cuando hoy vas de algo y mañana, de todo lo contrario. Pero de todo lo contrario en plan no irse por los cerros de Úbeda, en plan chocarse de frente y abrirse la cabeza.

Hoy en día, que la montonera se ha vuelto tan homogénea, la incongruencia está a la orden del día. Como la moda ya no es es ser idealista y las tribus urbanas son cosa casi del pasado (ya caerá un artículo sobre ello) te encuentras con gente que no hay por donde cogerla. Literalmente, ni ellos mismos saben cuál es su rollo de verdad.

Conozco a un chico que es super adorable, uno de esos que cada foto tiene doscientos veintidós likes. Yo, no me lo trago ni a tiros. Ha cantado en grupos de rock y chapurrea la guitarra. ¿Saca disco nuevo Mastodon? El primero. ¿Los Strokes? Lo quiero para ayer. ¿La nueva canción de Justin Bieber? Increíble.

Espera espera….¿¿cualo?? No no, eso es como comerse una pizza con piña…y tuercas y piedras o algo asi tío. No tiene ni pies ni cabeza, y es evidente que si (por ejemplo) sigues a Julian Casablancas, al niñato de Bieber lo reventabas. Porque si no, no has entendido una mierda de lo que los primeros quieren decir, ni de lo que es el segundo.

Yo, por ejemplo, soy rockero. No puedo meterme en una discoteca a darle al perreo. No lo hago por postura, me entra la risa. En serio, veo gente moviendo los culetes así y me parecen pollos intentando aparearse o algo. Si lo bailo es para reírme, como el que se disfraza en carnavales. No soy incongruente, soy fiel a lo mío porque me ha calado y me ha hecho la persona que soy, hasta el punto de no poder hacer lo opuesto porque sí.

Una persona incongruente para mí te puede hacer cualquier cosa. Porque a mí me ves venir, pero al otro chico no. Mañana puede opinar algo y pasado otra cosa totalmente contraria, porque realmente no tiene ni zorra de qué le gusta de verdad. Y te suelta el cuento de que hay que ser abierto, flexible. Así justifica el hecho de que sea una persona emocionalmente inestable y cambiante. Una veleta que sopla del viento que toque vamos.

La gente auténtica está en peligro de extinción. Incluso se les ve como intolerantes a la primera de cambio, fuera de onda. Y yo, sinceramente, prefiero que me señalen por eso que por ser un chaquetero de tres al cuarto. Sé lo que me gusta, sé quien soy y no puedo ni quiero cambiar. La verdad, prefiero ser una roca que un trozo de plastilina.