Forma y fondo: ¿Qué debe primar en el arte?

El hecho de que una obra artística tenga razón en su contenido político, no hace que sea buena.

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La forma, en el arte, debe primar la forma. Contesto ya, quizás por extravagancia. La forma es la principal diferencia entre el arte y un discurso político, en cualquiera de sus variantes. El postmodernismo ha traído un pensamiento a mi juicio equívoco, consistente en introducir mensajes que interpreto como buenos en todas las facetas posibles. De este modo, desde algunos sectores, se ha considerado que Lo malo, de Ana Guerra y Aitana, es una buena canción porque habla de la libertad femenina, no porque sea especialmente poética, tenga algún tipo de innovación estética, ni ningún otro criterio artístico.

Forma y fondo: ¿Qué debe primar en el arte?

Noelia Morgana tiene razón cuando escribe “A veces, no llevo sujetador“. El sujetador es lo que es. Además, la forma de hacer el vídeo me parece la apropiada. No obstante, el hecho de que tenga razón no hace que su poesía sea buena. Bajo mi punto de vista (y con todo el respeto) carece de estética, no expresa de una forma extraordinaria la cotidianeidad a la que se refiere. Por ende, como elemento político me gusta (¡mucho!); como elemento artístico, no. Lo mismo me sucede con Roy Galán y su destartalado uso del punto y aparte. Tiene razón, pero la forma que tiene de expresarse me parece pueril.

Al otro lado del debate (reconozco que siempre pongo el mismo ejemplo), Luis Alberto de Cuenca. Conocí el poema Political incorretness de la mano de Loquillo (otro que tal). Muy al contrario que Noelia Morgana y Roy Galán, de Cuenca transmite un mensaje atroz. Pero lo transmite con una calidad poética excelsa. Lo caprichoso de todo esto es que las redes sociales han propiciado que la línea clara se haya vulgarizado. El hashtag “poesia” (muchas veces no lleva ni tilde, en fin…) en instagram y twitter nos lleva a una insoportable colección de frases de autoayuda. Curiosamente, de Cuenca, Morgana y Galán comparten una aspiración poética: La susodicha línea clara. Una forma sencilla de hablar de lo cotidiano, digamos. Lo que sucede es que, de entre los tres, el único que lo hace bien es de Cuenca.

No por llevar razón la obra artística está bien

Political Incorretness es una atrocidad. Pero es una atrocidad muy bien escrita. El arte debe buscar lo bello, de cualquier forma posible. Bethoveen, por ejemplo, buscó realzar la belleza que existe en todo lo grotesco. Esta línea la sigue, entre otros, Tim Burton. No existe, por tanto, un canon a seguir. Lo que sí existe es una forma de no hacer las cosas. En una reducción al absurdo que Wilde expresó en una conferencia, el autor irlandés dijo: “La gente habla a menudo como si existiera oposición entre lo bello y lo útil. No hay más oposición a lo bello que lo feo.” Encontrarán esta frase en Las artes y el artesano, Editorial Gadir.

“Lo útil”. Wilde con esto se refiere a que se puede hacer arte en la industria. Esa conferencia se la da a estudiantes de arte y diseño. Los artistas que pretenden inducir una moral determinada en su obra, tienen que desdoblar sus ojos. Si bien es importante ocupar la cultura, lo cierto es que se tiene que hacer con calidad. Volviendo a Wilde, si la temática es política pero carece de belleza, será sencillamente útil, pero no tendrá porqué ser arte.

Pongamos, pues, ejemplos que contrarresten a Lo malo. Lo de que es buena porque introduce un mensaje libertario en el reggeatón me parece una excusa excesivamente barata. Vargas Llosa en La fiesta del Chivo, sospecho que sin saberlo, adopta una perspectiva de género bajo el personaje de Urania y critica el machismo de la dictadura Trujillista. Quién lo diría dados sus artículos (a los cuales solemos contestar). El ya mítico Papá, cuéntame otra vez, de Ismael Serrano. Daniela Astor y la caja negra, de Marta Sanz, una novela sublime sobre el derecho a decidir, otrora referido al vientre femenino. El poemario Actos impuros, de Ángelo Néstore, que con una poesía LGTB se llevó el Hiperión. Una de bandoleros, de Álvaro Ruiz, que habla de antaño y de hoy… ¡Podríamos no acabar nunca!