Francia en semis: Todas las grandes tienen algo en común

Todas las selecciones grandes de los últimos 20 años tienen en común su diversidad.

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Francia, clasificada para las semifinales del Mundial 2018.

“Me parece que soy de la quinta que vio el mundial 98”, tomando ese verso de Calamaro veo a una temible Francia ganarle a una Uruguay viscosa. Este era el Uruguay que esperaba, más o menos. Al otro lado, he de decir que esperaba menos de Francia, pero si juegan Kante y Griezzman y los centrales son Umtiti y Varane, qué menos que un partido tan serio. Volviendo a la selección del 98, recuerdo aquel centro del campo. Patrick Vieira parecía poco menos que un Ayante de ébano y Zidane hacía de Odiseo con el diez a la espalda.

Todas las selecciones temibles

En un documental editado por Netflix, “Les bleus”, observamos la intrahistoria de aquella selección de Francia en el 98. La alineación policromática no es lo único que aquella selección tiene en común con esta, comparte también un contexto: Jean Marie Le Pen ya era viejo hace veinte años. Decía las mismas lascivias y arremetía contra los mismos valores. Francia, como todos los países donde la libertad es un valor a buscar, ha sido el hogar de todo el mundo.

La diversidad hizo que, como se narra en el documental, en la selección del 98, Pires (¡qué clase tenía ese futbolista!) fuera llamado “el portugués; Zinedine Zidane (qué voy a contarles), tenía como mote “el árabe”. Además, jugaban Thuram (de Guadalupe), Desailly (de Ghana), Djorkaeff (de Armenia)… También jugaron ahí Lama (de la Guayana) o Karembeu (que es neocaledonio). Dos años, antes, en la Eurocopa de 1996, Le Pen observa: “es artificial hacer venir a jugadores del extranjero para formar el equipo de Francia”. Zidane, en el I Simposio Europeo del Deporte, contesta que Le Pen “casi se muere cuando vio a diez negros cantando La Marsellesa”.

Francia ya está en semifinales de este mundial. En vez de Thuram o Desailly, están Varane (ascendencia martinica) y Umtiti (nacido en Camerún); no está Vieira (nacido en Senegal), pero está Pogba (de ascendencia guineana); Djorkaeff no ocupa la delantera, pero M’Bappé (de madre argelina) sí. Y, si no, le suele sustituir Dembélé (de padre maliense y madre mauritana). La solución a tanto embrollo es una declaración atribuida a Lukaku: “Cuando todo va bien, soy el delantero belga; cuando no, soy el delantero congoleño que juega en la selección.” Sobra decir que Lukaku es de los máximos goleadores de este mundial.

Mucho me temo que el problema no es que sean inmigrantes

Dicen que los perros cuya raza no es pura son más resistentes. Francia está en semifinales. Bélgica, una selección en la que se hablan cinco idiomas distintos, también. La comparativa canina, quizás, sea desagradable, pero es ilustrativa. La mezcla acostumbra a salir bien: España no ha jugado como cuando Marcos Senna contenía el centro del campo y liberaba a Xavi Hernández.

Seguramente, los que votaron a la Lega Nord en Italia estén deseando que Cristiano Ronaldo, tan alejado del prototipo europeo, vista la camiseta de la Juve. El problema de los inmigrantes que llegan a Europa en patera, me temo, no es que sean inmigrantes: El problema es que son pobres. Tan pobres como los italianos que hicieron que en Argentina exista la familia Messi, que juega como comunitario porque obtuvo la nacionalidad transalpina.

La ironía es que Italia no se ha clasificado para el mundial. En el Mundial 2014 hicieron un papel pobre, no se clasificaron a octavos y sólo metieron dos goles. Uno de ellos lo marcó Mario Balotelli, cuyos padres biológicos son de Ghana.