Francisca Cañadas, la novia que inspiró Bodas de Sangre

Tras la obra lorquiana se encuentra una trágica historia real

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El Cortijo del Fraile (Níjar, Almería), en cuyas inmediaciones sucedió la historia de Francisca Cañadas. EUROPA PRESS

Hace dos semanas os contábamos que La novia, -película de Paula Ortíz basada en Bodas de Sangre- había sido preseleccionada para los Óscar. Pero pocos son los que conocen las entrañas de la obra, la historia que llevó a Lorca a escribir una de sus obras más importantes:

El 23 de julio de 1928 las portadas de los periódicos de Almería amanecían con un titular:  “Las veleidades de una mujer, provocan el desarrollo de una sangrienta tragedia que cuesta la vida a un hombre”.

Según las costumbres nupciales de los campos de Níjar (Almería) la boda habría de celebrarse de madrugada; a las tres de la mañana Francisca Cañadas se casaba con el hermano del marido de su hermana: Casimiro Pérez Pino. Sin embargo, La noche del 22 de julio de 1928, Francisca Cañadas huyó de su boda junto a Francisco Montes, su primo, del que estaba secretamente enamorada desde hacía años. Lo que nunca se imaginó es que aquella historia, su historia, quedaría sellada con sangre en su vida y en la literatura española.

García Lorca maquilló algunos detalles de la historia, como el lugar donde ocurrió o la hermosa imagen que dibujó a través de sus palabras de Francisca Cañadas, siendo la joven, realmente, “poco agraciada” y coja. También cambió la imagen de su padre, quien tras propinarle una paliza a Francisca, la dejó inválida a la tierna edad de tres años.

Parece que aquel hecho hizo que su padre, por pena, le dejara a la pobre niña la herencia de cuanto tenía, con la única intención de mostrar a su hija atractiva a los ojos de posibles pretendientes. La hermana de Francisca Cañadas, como decimos, casada con el hermano de Casimiro, dispuso un matrimonio de conveniencia entre los jóvenes que acabaría en tragedia, ya que nadie tuvo en cuenta los sentimientos de la joven Francisca, que, como decíamos, vivía enamorada de su primo hermano desde niña.

Novia (es decir, Francisca): Estas manos que son tuyas,
pero que al verte quisieran
quebrar las ramas azules
y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!

Aquella noche el novio se echó a descansar en una de las habitaciones del cortijo. Mientras tanto, Francisca Cañadas acudió a hablar a solas con su primo. Huyeron, pero no llegaron lejos. Al notar la ausencia de Francisca, los invitados comenzaron a buscarla, pues el casamiento se acercaba y no había rastro ni de la novia, ni de su primo. Hay quien piensa que la fuga fue planeada no sólo por los amantes, sino también por la madre de él.

Madre (es decir, suegra de Francisca): Al agua se tiran las honradas, las limpias; ¡esa, no! Pero ya es mujer de mi hijo. Dos bandos. Aquí hay ya dos bandos. (Entran todos.) Mi familia y la tuya. Salid todos de aquí. Limpiarse el polvo de los zapatos. Vamos a ayudar a mi hijo. (La gente se separa en dos grupos.) Porque tiene gente; que son: sus primos del mar y todos los que llegan de tierra adentro. ¡Fuera de aquí! Por todos los caminos. Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!

La hermana de Francisca Cañadas y su marido no tardaron en despejar la incógnita de que ambos jóvenes habían huido. Los persiguieron hasta dar con ellos a unos ocho kilómetros del Cortijo del Fraile, pues el honor de su familia había sido mancillado y la afrenta debía ser ajusticiada.  Allí, tres disparos acabaron con la vida de Francisco Montes, mientras Carmen agarraba a su hermana Francisca por el cuello hasta darla por muerta. Cuando la joven despertó y miró a su amante, pedía a gritos un tiro de gracia. Gritos ensordecedores apagaron la luz interior de Francisca.

Luna: Pero que tarden mucho en morir. Que la sangre me ponga entre los dedos su delicado silbo. ¡Mira que ya mis valles de ceniza despiertan en ansia de esta fuente de chorro estremecido!

Después de aquello, la muchacha se encerró en vida a purgar su culpa en el cortijo que había heredado y se convirtió en una leyenda en Níjar.

La realidad fue mucho más feroz que la literatura. Hoy el silencio y las ruinas se apoderan de la memoria de cuantos presenciaron aquellos hechos. Pero Francisca Cañadas seguirá por el aire como una brizna de hierba, porque solo muere quien es olvidado y su triste final está escrito en nuestra historia.

NOVIA. ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera,y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos.

Bodas de Sangre, Federico García Lorca.