El futuro del sistema electoral

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Foto Europa Press

Tras 38 años de democracia nuestro modelo institucional se ha agotado y es necesario repensar las fórmulas que establecimos en la Constitución de 1978, y que en su momento funcionaron, pero que hoy han quedado superadas por la vía del hecho. Anteriormente en este mismo diario hablábamos de las distintas formas de elección del presidente, oponiendo elección a investidura, pero hay un paso previo que es quizás más importante y desde hace años tremendamente controvertido: el sistema electoral.

Actualmente, nuestro sistema electoral está regulado en la LOREG, Ley Orgánica de Régimen Electoral General, aprobada por el primer Gobierno de Felipe González en 1985. Es decir, España era un país completamente distinto, y se enfrentaba a complejidades políticas diferentes, como el miedo a una desestabilización política tras haber elegido a un presidente socialista tras 43 años, con un interludio de 39 años de dictadura nacional-católica y un intento de volver atrás por parte de los militares. Hoy nuestros retos son otros, como devolver credibilidad a las instituciones democráticas, y conseguir que pluralidad y estabilidad sean conceptos compatibles ahora que tenemos un Congreso de los Diputados más fragmentado y más polarizado, y en el que las diferencias han venido de la mano de una parálisis en la toma de decisiones.

Hay distintas formas de regular el sistema electoral, y ya hay algunas propuestas sobre la mesa.

En el Debate a 3 organizado por El País para las elecciones del 20D, Albert Rivera comentó la posibilidad de que la circunscripción pasara de ser la provincia al distrito. En el programa electoral de Ciudadanos se propone crear un sistema de doble lista desbloqueada. ¿Y cómo funcionaría esto? Es bastante simple. Se votarían dos listas: en la primera la circunscripción sería similar a Reino Unido, el distrito electoral, y la segunda se trataría de una lista de circunscripción nacional en la que todos los votos valen aparentemente lo mismo.

A pesar de lo poco que se habla de ello, Podemos también tiene una propuesta de reforma electoral, en la que la circunscripción pasaría de ser la provincia a ser la Comunidad Autónoma.

Y ahora vamos a desmontar mitos: en ninguno de los dos casos el voto de cualquier persona española valdría lo mismo de cara a ser traducido a representación parlamentaria, y ninguna de las dos propuestas va encaminada a mejorar el rendimiento de nuestro sistema, sino a mejorar el rendimiento de sus votos. Ambos partidos tienen sus electorados concentrados en núcleos urbanos, por lo que aumentar el tamaño de las circunscripciones diluiría el voto más bien rural en sus nichos electorales. En política nadie da puntada sin hilo. El modelo de circunscripción unipersonal que propone Ciudadanos podría dar un resultado como el del Reino Unido, aunque levemente corregido con la circunscripción nacional. ¿Y qué paso en Reino Unido? Que al elegir cada circunscripción a una sola persona, los votos de los partidos que no obtienen representación se pierden, y así fue que el Partido Conservador tuvo 11 millones y consiguió 331 diputados, y con dos millones menos el partido Laborista se quedó en 232, pero más salvaje fue que el tercer partido más votado, el UKIP tuviera solo un diputado con casi 4 millones de votos, cuando el Partido Nacionalista Escocés obtuvo 56 escaños de 59 escaños que se reparten en Escocia, y tan solo había conseguido un millón y medio de votos. Además, siendo sinceros, es posible que fuera el PP el partido con más representación con este modelo, sin perjuicio de la proporción de escaños a repartir en circunscripción nacional.

Este humilde columnista cree que la virtud está en la moderación, y en un punto intermedio en el que se encuentre un sistema de doble circunscripción en el que se vote una lista provincial y otra nacional, y sea quien encabece esta última quien ostente la candidatura a la presidencia del país, porque de lo contrario condenamos a Madrid a quedar completamente infrarrepresentada, no en número de representantes, sino porque sus listas agrupan no tanto a personas madrileñas, sino a los primeros espadas de los partidos concurrentes, y para muestra un botón, porque tan solo 3 personas madrileñas han sido cabeza de lista por Madrid al Congreso: Tierno Galván en 1977 por el PSP, Pablo Manuel Iglesias Turrión por Podemos y Pedro Sánchez Pérez-Castejón, ambos en 2015 y 2016.