García Márquez, el mundo 91 años más tarde

Gabriel García Márquez hubiera cumplido 91 años hoy.

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García Márquez recogiendo el Nobel, Europa Press

Lloverán los homenajes a Gabriel García Márquez estos días. Nació un día como hoy en Aracataca, Colombia, hace 91 años. Las imágenes que llegan desde este lado del Atlántico, desde la costa andaluza, parecen hacerle un sórdido homenaje: Un temporal ha arrastrado hacia la playa cientos de estrellas de mar. Como si, en una jura de amor eterno, alguien hubiera prometido un cosmos.

García Márquez, 91 años más tarde

El mundo camina de una forma garciamarquiana. Italia, por ejemplo, recién renunciaba a Europa en un alarde de fatalismo. El PD, que en la rebelión de Cien años de soledad podría situarse a un lado y a otro, certifica su debacle. Considero que una de las claves del realismo mágico está en no ponerle nombre a los elementos. Dejarlos entrever, enseñar tan sólo una patita de todo lo que la narración podría dar de sí.

En política, al contrario, todo lo que quieres mostrar debe tener nomenclatura. El PD es el Centro mayúsculo, que debe de ser el único paraguas fabricado con un agujero en el medio. A eso puede hay que sumarle el europeísmo. El europeísmo es un lugar ideológico insulso en el que puedes no decir -o esconder- lo que verdaderamente piensas. “Soy europeísta”. Muy bien, ¿y qué piensas sobre la huelga feminista? “Que soy europeísta”. Al europeísmo (en realidad, a muchos pensamientos) le pasa lo que a Dios, que no es tan malo el Señor como los fans del mismo, no obstante, a pesar de todo lo anterior, Europa es la mejor de las soluciones del propio continente. Por consiguiente, en Italia ha triunfado el masoquismo.

Al otro lado del planeta, la situación al norte del Río Colorado no podría hacerle mejor homenaje a García Márquez. Trump le pone precio al permiso de residencia. En síntesis, sólo podrá obtener el permiso aquel que tenga mucho dinero. Y uno lo piensa y se pregunta: ¿Y si tuvieran mucho dinero, por qué iban a emigrar? Trump es un personaje literario en sí mismo. Un villano que navegue entre lo idiota y lo malvado, unas veces diciendo tonterías y otras tantas haciendo barbaridades.

La cita

Cátedra reeditó en 2015 Cien años de soledad. En esta edición, Jacques Joset me descubrió un término maravilloso: Cronocrator, “el que controla el tiempo”. Efectivamente, en la primera frase de su obra magna, García Márquez nos revela dos acontecimientos futuros:  “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Ya sabemos que Aureliano Buendía (muchas páginas después) estará frente a un pelotón de fusilamiento y que, al final de ese capítulo, conocerá el hielo.

Esa y la de que el día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para ir a recibir el buque donde venía el obispo, son seguramente sus frases más distinguidas. Por cierto, para más cronocrator, está el hecho de narrar una historia al revés. Si se fijan, Crónica de una muerte anunciada está escrita como si fuera una cinta rebobinándose.

Mi cita favorita, no obstante, está en El amor en los tiempos del cólera. El propio García Márquez afirmó que esta era su novela preferida de todas las escritas por él. Yo siempre pensé que diría El otoño del patriarca, un libro de narración vocalizada. Dice: “—La guerra está en el monte —dijo—. Desde que yo soy yo, en las ciudades no nos matan con tiros sino con decretos“. Dada la raquítica subida de las pensiones, los recortes en sanidad y educación; dado Trump; dados los resultados de Italia, no podría venir más al caso.