Galicia, ¿qué es de ti?

Hablar o no gallego en Galicia no tendría porqué ser impedimento para nada y en la vida real no lo es, pero refleja para quién se quiere gobernar

1685
Andalucía al Día, santiago-desde-la-alameda
Santiago de Compostela

A los amigos aquí citados.

Para un sevillano, Galicia es un sitio extraño porque le queda bien la lluvia. Sevilla, cuando llueve, es inaccesible. Se para la ciudad y los canalones se atascan y huele mal. Sevilla es una ciudad muy inconformista en cuanto a olores se refiere. Galicia, en cambio, parece en su hábitat natural cuando está lloviendo. Cuando cae toda esa lluvia, Santiago es más Santiago y el gris de los muros parece que reluce, como el mar de Oleiros, que parece que se está dando un masaje. A los gallegos la lluvia no les importa, en los días que estuve allí, cuando llovía, muchos iban sin paraguas, como si fueran peces sacados del mar o los ríos que durante la lluvia recordasen su pasado.

Hoy están de elecciones, excusa para acordarse de que allí también hay populismo contra el que luchar con la espada del diálogo (y tal y cual); nacionalismo que combatir (ya ven ustedes); patriotismo del rancio y el largo etcétera de cosas que unos y otros ponen como rivales en sus discursos. Normalmente también lo hay, como en todas partes, pero las elecciones solamente son cada cuatro años y malo será no fijarse aunque sea cuando hay elecciones. En Cataluña se fija uno más a menudo por lo mismo, cuando no hay elecciones, hay riesgo de convocarlas. Claro, allí en Barcelona viven en una campaña electoral perenne, lo cual nos mete la secesión, la no secesión, el derecho a decidir o el constitucionalismo (todo ello igual de conveniente) hasta en la sopa. Galicia es igual de distinta al resto de España, pero su clase obrera es más discreta y su burguesía está mejor domesticada.

La burguesía gallega, qué gente. Mi familia lejana y mi amigo Xoel cuentan historias que hubiera contado Lorca si en vez de haber nacido en Granada hubiera nacido en Pontevedra. Eran los amos de los pueblos, hoy son los dueños de aquellas herencias y del núcleo empresarial gallego, que es poco y es de lo que es, pero da el apaño.

Quizás hubo un tiempo en que hablasen gallego con normalidad, pero eso pasó y, como el pobre siempre quiere parecerse al rico, al pobre le dio vergüenza hablar gallego y que lo acusaran de labrego (que ya ven ustedes). Del mismo modo que, de repente, ya nadie es clase obrera, el gallego fue minorizado, primero por una dictadura, luego por la moda que restaba. Ay, la minorización, fíjense ustedes si es asustadizo decir “minorizado” que wordpress te lo pone como una falta de ortografía.

Ahí tienen al actual Presidente de la Xunta, don Alberto Núñez Feijóo, gallego para todo menos para comunicarse, no sabe ni colocar los pronombres en “su” idioma, que ya es decir. En Galicia hay gente, catetos gusto de llamarles, que presumen de no saber una palabra en gallego. Es decir, allí, en esas cuatro provincias del noroeste, ¡hay gente presumiendo de no saber!

Andalucía al Día, ayuntamiento-de-coruna
Ayuntamiento de Coruña

Me llamó la atención esto en Santiago y en Coruña. En Coruña, la plaza principal, la del Ayuntamiento, dispone de una preciosa visión. La Plaza y el cuartel del ejército están separados por el edificio del Ayuntamiento, dicho de otra forma menos espacial, el Ayuntamiento tapa las vistas que el cuartel hubiera tenido de la Plaza. Según Iago, el mensaje arquitectónico está claro: “Los militares no deben saber qué hace el pueblo y los que trabajen ahí -dijo señalando la sede del Gobierno Municipal- deben impedir que así sea y proteger Coruña de, prácticamente, sí misma.”

Y aún así, con esta vocación popular, no se escucha gallego en Coruña. No recuerdo la ciudad como un sitio en el que una señora entre a la panadería y hable gallego. Ni en las conversaciones vecinas de los bares, ni en ninguna parte. En Santiago igual. La gente de los pueblos, como siempre, es distinta. Iván, que es de Xinzo, fuerza a los camareros a contestarle en gallego cuando da las “graziñas”, que es una palabra que se pronuncia como si se estuviera hablando a un cachorrillo. La gente de los pueblos tiene siempre cierta autenticidad enamoradiza.

Y será en los pueblos donde triunfe el PP con un candidato que no habla bien “su” idioma, todo es distinto en los pueblos. Recuerdo Cerdedo como un pueblo pequeño, más o menos pequeño. Allí hay un alcalde popular que tiene un sueldazo y quita y pone a su gusto. Esa es una de las luchas de Xoel, que es el jefe de la oposición. Recuerdo a los niños jugando en gallego, reflejo de su casa, no sé si de su escuela. Y allí ganará el partido que tiene el gallego atravesado, manda mecha. No me imagino a Rajoy hablando gallego, al contrario, me lo imagino, más bien, queriéndolo escuchar sin éxito, mezclándolo con un castellano de agua y pan: “È moito dificil todo esto”.

Y ganarán los de siempre, encima, ganarán. Y Galicia, como Andalucía en lo suyo, absorbida por el tópico simplón: Allí del no decidirse y de lo riquiño que está todo; en Andalucía del arte y del salero. Tan cómodo para los poderes fácticos que, en el fondo, todo lo gobiernan.

Hablar o no gallego en Galicia no tendría porqué ser impedimento para nada y en la vida real no lo es, pero refleja para quién se quiere gobernar.