Gilipollas versus gilipuertas

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Quisiera hoy reivindicar la palabra bien usada. Como el escritor de antaño, considero que el español malhablado no es aquel que dice tacos y barbaridades del tamaño de un centollo radiactivo, sino aquel que no usa bien el vocabulario del que dispone. Por ello quisiera detenerme en el uso de la palabra gilipollas.

En un principio pensaba que dicho vocablo hace referencia al hecho de disfrutar a la hora de tener sexo oral activo con un hombre, en palabras llanas, zamparle el rabo a un tío con un incomparable apetito, lo cual no tiene nada de malo. Si esto fuera así, sería mucho más apropiado decir “gilipuertas”, porque tiene mucho más sentido, queramos que no, el chupar penes para disfrute de alguien que chupar una puerta para el disfrute de una puerta.

Sin embargo, me equivocaba, la palabra gilipollas viene del adjetivo “gili”, es decir, tonto o lelo. A este vocablo se le añade el sufijo “pollas” para señalar que se es rematadamente tonto, así como a “Me cago en tu puta madre” en Andalucía se le añade un “to” para que de ahí surja “Me cago en to tu puta padre”, figura que busca el buen sonar de la palabra y, a la vez, el énfasis en lo puta que es la madre en cuestión -de forma figurada, claro-, ya que si fuese “me cago en toa tu puta madre”, sería cacofónico. (Ya hablaremos, un día, sobre lo poco efectivo que es llamar puta a la madre de nadie). Siguiendo esta corriente he de decir que he visto a hombres que por usar su pene de forma sexual han disparado su ingenio hasta provocar cortocircuitos en su cabeza (su cabeza de arriba). Bien es sabido que un hombre desesperado puede hablar de los versos de Lope como si se los hubiera leído, inventar supinos versos y otras dramatizaciones, por lo que tampoco me parece que gili deba ser acompañado por polla, pues es precisamente la cabeza de abajo la que, en muchas ocasiones, ha hecho que la de arriba se active.

No entro a valorar si dicha acción es buena o mala porque, como en el acto del ya referido sexo oral, no es algo que me incumba. Allá cada cual sus tareas y sus disfrutes.

En cualquier caso, si bien el pene hace pensar e ingeniárselas al hombre -para bien o para mal-, no conozco de puerta alguna que se haya hecho más inteligente por ningún hecho concreto. Una puerta es una puerta y no es ni más lista ni más tonta nunca. Es una puerta. No busquen más sentido a la puerta que el abrir o el cerrarse, es una cosa inherente a su propia personalidad de puerta, no hace otra cosa.

Por todo ello, cuando nos referimos a alguien como tonto, es mucho mejor decir gilipuertas. Una puerta sí que es tonta, y aunque el mecanismo de disfrute masculino se limite a la repetición mecánica de un movimiento vertical, el pene sirve para otras cosas. Ya lo dijo  Krahe, no todo va a ser follar.