Gragera y la intimidad de “La suma que nos resta”

En "La suma que nos resta", un Gragera tan subjetivo como apacible nos habla de una sociedad criticable y de la linea que separa la juventud de la madurez.

1568
Portada de "La suma que nos resta", editorial Pre-textos.

Más de 100 trabajos se presentaron al IX Premio de Poesía Joven, convocado por RNE y la Fundación Montemadrid. De entre todos los poemarios, un jurado de campanillas compuesto por Amalia Bautista, Luis Alberto de Cuenca, Esperanza López Parada y Javier Lostalé, acordaba otorgar el premio a La suma que nos resta, del sevillano Gonzalo Gragera.

En este poemario, Gragera muestra una línea generacional que separa la infinita e incierta madurez con una feliz juventud, siendo este uno de los dos temas principales del poemario. Poemas como Lisboa hablan de un momento vital donde lo importante y lo banal se confunden. Si bien el poeta se para en las imágenes de una despedida, parece que las sombras de los versos (donde habitualmente se encuentra la magia de la literatura) nos hablan de lo exigente que es la vida a la hora de realizar ciertos cambios, de la importancia de cambiar para no quedarse estancado en lo insustancial del pasado.

El otro tema es una mirada hacia la sociedad. Partiendo desde la frontera entre la madurez y la juventud, Gragera mira hacia su entorno con ironía, casi carraspeando. El poeta, muy subjetivo, observa la sociedad como si no quisiera estar en ella, pero estando hasta las trancas. Esta distancia lleva al “yo” de La suma que nos resta a un sarcasmo amargo en el que se esconde una muy buena crítica calibrada con imágenes poéticas.

Todo ello hace la lectura de La suma que nos resta algo íntimo y apacible. El trabajo de Gragera está sacado del contexto más inmediato de una generación cuyo nombre no escribiré. Da la sensación de que quienes no pertenecen a esta generación la miran, a veces, como si contemplasen a Frodo en el Monte del Destino; y otras, como si viesen a Sauron entrando en una joyería. Todo según convenga, eso ya va por provincias. Entre tanta contrariedad, es fácil encontrarse en este poemario.

Muy recomendable también para los que profesan la religión del “no me gusta porque no lo

entiendo”, tanto para el orden clerical como para el cardenalicio, la lectura es clara sin perder en calidad. Alejado tanto de pomposidades estilísticas como de narcisistas vulgaridades, Gragera centra el verso en una elegante sencillez. Al mismo tiempo, el público más asiduo a la poesía, obtendrá una hermosa cebolla a la que ir quitando capas hasta llegar al centro del sentido, donde se encontrará con una sensibilidad muy particular por su constante juego de blancos

Gonzalo Gragera en la presentación de “La suma que nos resta”.

y negros, de bienestar en la decadencia y viceversa.

Gonzalo Gragera

Nacido en Sevilla, en 1991, Gragera es graduado en Derecho por la US y en Filología Hispánica por la UNED. Este es su tercer poemario, que llega tras Génesis (Jirones de Azul) y La vida y algo más (La isla de Siltolá).