¿Truco o trato?

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Hoy es la noche más terrorífica del año. Esqueletos, momias, vampiros, brujas y hombres lobo se agolpan delante de las puertas de medio mundo esperando sus recompensas. Por suerte, sólo esperan de nosotros unos cuantos caramelos cuando entonen al unísono su “truco o trato”. Hoy es Halloween.

Sería lógico pensar que una celebración tan dulce como esta estaría exenta de polémica. Pero sorprendentemente no es así. Ciertos sectores de la sociedad alegan la invasión silenciosa de la cultura estadounidense, aprovechando los medios de comunicación, el cine o este tipo de festividades. Sería falso decir que la sociedad española no está interiorizando ciertas costumbres norteamericanas, como también lo están haciendo nuestros vecinos de la Unión Europea. No hay más que ver el número de locales de comida rápida que puede encontrarse en cualquier ciudad del viejo continente. Pero, por otro lado, sería absurdo intentar mantenerse aislado e inmutable frente al mundo globalizado en el que vivimos, que tiende cada día más hacia el encuentro y la homogenización; y se aleja a pasos agigantados del rupturismo que plantean las ideas nacionalistas. Como bien dice el refrán: “La unión hace la fuerza”. Y, posiblemente, las futuras generaciones se espantarán de que la raza humana viviera esclavizada a esa idea intangible llamada frontera.

Sin embargo, sería posible hacer un esfuerzo mental y empatizar con aquellos que se ven atacados por celebraciones extranjeras que no consideran propias. Que ven como sus tradiciones son poco a poco olvidadas y desplazadas por otras. Y, sin embargo, sólo hace falta echar la vista atrás en la Historia para reconocer este mismo patrón. Puesto que nuestro tradicional Día de Todos los Santos fue trasladado intencionadamente a esta fecha, para sustituir a la gran cantidad de fiestas paganas que se celebraban en esta época.

No obstante, y aunque pueda parecer lo contrario, no es mi intención posicionarme ni en el bando de los defensores de Halloween ni en sus detractores. Más bien, mi idea es mostrar que son plenamente compatibles, puesto que al ser tan opuestos ambos festejos no tienen la necesidad de anularse el uno al otro.

Nunca tendrá suficiente tiempo el hombre para la juerga y nunca jamás se cansará de ella. Y será imposible que el ser humano olvide a aquellos que se fueron. Hay que ser comprensivo y entender que cala más en los niños y en los adolescentes, el disfraz, la golosina y el juego, que limpiar tumbas y colocar flores. No hay que tener prisas, pues el joven se hará viejo y entenderá el valor y el sentido de cada fiesta. Demos al niño lo que es del niño, al viejo lo que es del viejo y tengamos las fiestas en paz.