Hasta en las mejores familias

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Andalucía al Día, Amanecer Dorado

Estos días vemos con miedo como en países vecinos (y no tan vecinos) van escalando en las encuestas opciones populistas y normalmente de extrema derecha. Son los llamados “populismos”, acompañados por lo general de un sentimiento euroescéptico. Y es raro, porque lo miramos con preocupación y alivio al mismo tiempo. Preocupación, por lo que podrían hacer en sus países, y en la Unión Europea, pero alivio, por no tener este problema aquí en España, salvo la aparición transitoria y coyuntural de Vox, que se ha convertido en un elemento residual.

En Hungría, el gobierno daba más poderes al Ejército y cerraba fronteras para contener a los refugiados; en Dinamarca, con el apoyo unánime del parlamento, se confiscan bienes de lujo de refugiados para sufragar su cuidado, y yo me pregunto, siendo la propiedad privada la clave de bóveda histórica de nuestras democracias liberales, ¿dónde estará el límite en este retroceso de derechos fundamentales incluso dentro de nuestras fronteras?

En Reino Unido, el gobierno de Cameron conseguirá exceptuar el principio de igualdad de los ciudadanos de la Unión, pero esto no acaba ahí, porque aunque el sistema electoral de Reino Unido distorsione el voto directo, no podemos dejar de mostrar una grave preocupación porque el UKIP fuera el tercer partido más votado. El Frente Nacional de Le Pen quedó fuera de juego en las elecciones regionales, pero por la segunda vuelta francesa, ya que obtuvo el 30,8% de votos en la primera.

La última noticia nos la daba Alemania cuando bajaban tanto el SPD como la CDU en favor de una opción populista y euroescéptica, que ha logrado una cuarta parte de votos en el oriental länder de Sajonia-Anhalt. Posiblemente esta fuera la respuesta de un temeroso electorado al que le cuesta mucho vivir con las incertidumbres provocadas por los cada vez más regulares ataques terroristas, y la llegada incesante de refugiados.

Pero tampoco miremos a nuestro alrededor con demasiado recelo.

En España, pese a la atomización de partidos de izquierdas, incluso con solapamiento ideológico en ocasiones, la derecha ha mantenido durante 3 décadas un partido con una hegemonía indisputada hasta Hoy. El PP entonces pasa a configurarse como un cajón de sastre de las posturas ideológicas de la derecha, que recoge desde el liberalismo de Aguirre o Cifuentes, hasta el rígido conservadurismo social de Gallardón o Jorge Díaz, y su ángel de la guarda, Marcelo.

Recordemos que fue este partido el que llevó al Tribunal Constitucional todos los avances sociales del anterior gobierno, como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero el núcleo duro de su legislatura nos demuestra cómo en las filas del Partido Popular, no sabemos muy bien en qué lugar, conviven fuerzas fácticas con un conservadurismo social de corte católico que hoy parecen asomar la cabeza con la intención de significarse, ya sea dentro o fuera del PP, que si bien renunciaron a algunos de sus posicionamientos tradicionales, no renunciaron a todos.

España hoy es un país que quiere menos a sus inmigrantes. Bajo esta última legislatura el gobierno de Mariano Rajoy ha limitado el acceso de inmigrantes al sistema de salud español, acabando con la universalidad que lo caracterizaba. Ha legalizado las “devoluciones en caliente”, es decir, permite que se expulse a una persona inmigrante antes de poder siquiera solicitar el asilo, incumpliendo las obligaciones de España contraídas por los tratados en materia de inmigración y asilo. Sin contar las reticencias del Gobierno en el acogimiento de refugiados por el reparto por cuotas ideado por la UE, de los cuales hemos acabado recibiendo a 18.

Pese a ser ateo, en el clima en el que nos vemos imbuidos lo tengo muy claro, nunca caducará la máxima de que conoceremos por sus obras a los falsos profetas, a los lobos rapaces vestidos de oveja. Y cuando alguien os hable de la suerte que tenemos por no padecer la enfermedad del populismo xenófobo en España, decid sin duda que de suerte ninguna, porque no sólo existen sino que están inscritos en el sistema. Al final pasa hasta en las mejores familias.