Hazte banquero y la línea del teatro

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Andalucía al Día, hazte-banquero
Imagen de la obra 'Hazte banquero' de la Compañía Xnet y 15MpaRato

El miércoles se estrenaba en el Fernán Gómez la obra Hazte Banquero. El argumento es sencillo: de cómo Caja Madrid era la casa de los quehaceres de Blesa y sus secuaces. Mejor fecha imposible, el mismo día del estreno las noticias en los diarios eran las novedades judiciales del caso de las tarjetas opacas.

Lo mejor: Los actores, de una calidad finísima en todos los casos y especialmente lúcida en Josep Julien, que interpreta al que fuera Secretario del Consejo de Caja Madrid, Enrique de la Torre. Elies Barberá, en el papel de muchos (cambiando de corbata y de chaqueta en un acierto de la directora -Simona Levi-), y Albert Pérez, que hace de Blesa, también firman un muy buen papel que se mueve, como el de Julien, hacia lo cómico que pueda tener una estafa.

Técnicamente, como les digo, muy bien. No obstante, la obra bajo mi punto de vista tiene un fallo… O un no fallo… No sé. Y es que da la sensación de que por ser fidedignos y reproducir literalmente lo emails que se mandaban los personajes entre ellos se deja de dramatizar. Es decir: La obra hace funambulismo en una cuerda que separa la reproducción de la realidad del relato de la misma. Eso me tiene, todavía hoy, en una duda tremenda.

El guión reproduce los emails y eso constriñe fuertemente la capacidad artística de la obra. Muchas obras a lo largo de la historia del arte han contado qué pasó, nos han hecho un relato y el arte ha consistido en relatar lo mejor posible: Cuánto mejor se ha relatado, mejor ha sido la obra. Bien, Hazte Banquero, tiene momentos en los que relata de forma reproductiva, y momentos en los que reproduce de forma artística debido a que los actores y la dirección hacen un ejercicio de imaginación enorme. El problema, por lo tanto, es el cómo se relata la historia.

¿Merece la pena pagar el precio del arte por reproducir de la forma más fidedigna posible semejante tropelía? Ah, amigos y amigas ahí está el dilema. Bajo mi punto de vista: Políticamente, por supuesto. Como ciudadano agradezco desde lo más profundo del corazón que esta obra exista y que acerque a la ciudadanía eso. Como escritorzuelo reconozco que la obra, como concepto artístico, me cuesta más trabajo, como ya he dicho veo una reproducción hecha con arte, eso está hecho, pero me cuesta ver la línea del relato artístico…

Me noto extraño mientras escribo, pues el talento de la directora es perceptible, amén del talento del reparto, y sin embargo me falla el relato, la forma de contarlo… Pero, carajo, la entiendo, entiendo perfectamente porqué Simona Levi lo cuenta así. Quizás era eso lo que había qué hacer. ¿Merecía esta obra del hiper-realismo en la pintura? Picasso pintó El Guernika, pero no todo el mundo lo entiende: Esta obra sí, esta obra te cabrea. ¡Ah, amigos! ¡La duda! ¡La gran duda! ¿No sería eso el arte, el cabrear al personal? De verdad que no lo sé. Y lo siento, porque ustedes estarán leyendo esto con la esperanza de que yo les diga si me ha gustado artísticamente la obra. Y no sé. Hay obras políticas que las ves y acabas diciendo: Estoy de acuerdo, pero qué mala es. Aquí no me sucede eso, aquí dudo.

Quedémonos, pues, en la segura recomendación política de ir a verla y en esta duda existencial en torno al arte que no sé resolver. Vayan a verla y, si gustan, me dejan un comentario o me escriben a twitter o lo que quieran.