Héroes de Calamina

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Viajar en tren es una fuente inagotable de información. Tengo la costumbre de acudir a mi trabajo en este medio público de transporte, por lo que, en muchas ocasiones, obtengo información de primera mano sin necesidad de investigar. No vayan a pensar los lectores que es una ventaja, a veces, como en ésta, es un inconveniente; hay ocasiones en que la excesiva información causa molestias para la conciencia, y para la sensibilidad de una persona normal. Ésta que relato a continuación es una de ellas.

Lunes por la mañana, camino del trabajo a las 7 y poco. Viajando, como a diario, en el tren de cercanías de Sevilla. En una de las estaciones, de un pueblo, se suben tres chicos que se sientan en los tres asientos vacíos del compartimento de cuatro en el que voy sentado. Comienza, o continúa, la conversación entre ellos, el nivel del lenguaje por debajo, muy por debajo, del que debieran tener chicos que están estudiando y de algo menos de los veinte años, o sea, que están en la universidad, o al menos en un módulo superior. ¡Héroes, relatos de auténticos héroes! Al menos es lo que se desprende por las expresiones de satisfacción de sus caras al escuchar las hazañas del relator de turno.

Juzguen ustedes: Enmarquen el relato del chico sentado a mi lado, dentro de las secuencias de un finde (contracción de fin de semana), en el que la borrachera es el hecho destacado y el único además que se relata.

“Me bebí una botella de ron viejo y luego seguí bebiendo de todo” (faltaron los aplausos al héroe por parte de la audiencia). “Me desperté bajo el grifo, sin saber cómo había llegado hasta allí, lo que sí tuve suerte de no haberme ahogado” (SIC), otro de los tertulianos le pregunta por una chica y la respuesta, para ponerla en letras doradas en un marco y colocarlo en lugar preferente, de lo más edificante: “No la vi, pero se me acercaron dos guarrillas, (sonrisas ilustrativas del tendido aprobando el juicio sobre las dos chicas del interfecto), lo que pasa es que yo no estaba en condiciones…” No vaya a pensar, amigo lector que acabó ahí el relato de las actuaciones heroicas, tuve la “suerte” de seguir soportando estupideces e imbecilidades varias durante el resto del trayecto. Creo que soportar semejantes comentarios debería tener compensación económica por parte de Renfe, tal vez lo consulte con un abogado amigo para exigir indemnización, porque una persona normal no tiene obligaciones como ciudadano a soportar semejantes castigos.

La sucesión del relato no tiene desperdicio. Concluyó un primer informe del héroe al personal, como broche final, con el relato de la culminación de la jornada : “no sé como pude llegar a **** (nombra al parecer un bar del pueblo), creo que me llevó una chavala en su coche (los que lo escuchaban babeaban ante la “grandiosidad” del muchacho). “Cuando me subí en el coche de **** (nombre de un chico), para volver a casa, daba cuatro pasos y no podía dar el quinto, yo creía que me iba a dar un cólico etílico (de milagro no sonaron los aplausos de un público entregado a la grandeza del “caballero andante”). “Cuando llegué a mi casa, mi madre me preguntó que como estaba y le dije que se me había ido de las manos la situación. Pues te acuestas, me dijo”. Quizás aquí puede estar la clave del comportamiento, “ejemplar”, del muchacho.

Al final, con la aquiescencia de sus oyentes, el relator tiene la impresión de haber obtenido una medalla al mérito alcohólico. Algo que le servirá para futuras hazañas. Este que lo escribe todavía no entiende cómo puede haber salido ileso (?) del acontecimiento.

Habría que preguntarse por las soluciones que pueda tener un conjunto tan numeroso, ya que da la impresión de que cada día que pasa aumentan los borrachos de fines de semana. El futuro de estos chicos parece que no es nada halagüeño. De todas formas siempre habrá los “políticamente correctos”, que culparán a la sociedad del comportamiento de estos jóvenes con las consabidas, “no ven futuro”, “están hastiados y quemados por el sistema”… Los que no somos “políticamente correctos”, pensamos que muchos hemos pasado por situaciones peores que ellos y no hemos tomado el sendero de las borracheras, los comportamientos de cafres y similares. Y muchos hemos pasado por cenar y almorzar sopa de pan para aprovechar el pan duro de la semana (el único que quedaba en la talega). También nos preguntamos cuándo harán pagar a los usuarios por los gastos originados por las borracheras en los centros sanitarios públicos. Si tuvieran que abonar los padres la factura, seguro que no eran tan condescendientes, y pensarían que el primer perjudicado por el hábito de las borracheras de fin de semana, es el propio borracho.

Cuando bajé del tren, recordé el anuncio televisivo de “pero tranquilo, tu hijo seguro que no bebe”. Espero que no, que mi hijo no beba.

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Escritor y Columnista en @AndaluciaalDia