Héroes y villanos

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Ambos términos, por muy antagónicos que parezcan, van irremediablemente unidos, en una unidad indisoluble que se presta a la reciprocidad dentro del antagonismo: no puede existir uno sin la existencia del otro.

A mis oídos y a mi vista ha llegado un vídeo, recogiendo una canción satírica, pretendidamente humorística, en la que, si bien en términos generales podría estar de acuerdo con su contenido, y mucho más con la interpretación, se dicen algunas cosas, supuestamente ya superadas. Parece que no es así, y por lo tanto, me siento en la obligación de posicionarme, y mira que siempre he considerado, y sigo considerando, a los trabajadores autónomos como un pilar que sostiene la economía de nuestro país y que nunca ha sido bien tratado por la administración, sea ésta del color que sea. Sólo haré un breve repaso, muy escueto para no cansar, a los paradigmas que sustentan mis posiciones.

La única objeción que hago a ese vídeo es lo que se refiere a los funcionarios, ya que se dice que, con ocasión de la pandemia, sin trabajar se llevan el sueldo a su casa. Y no estoy de acuerdo sobre todo por dos cuestiones, además de que son los únicos o casi únicos que están trabajando on line, desde sus casas, con sus propios ordenadores (es decir pagados por ellos): la primera es que se refiere a los funcionarios en estado puro, es decir, a esos señores y señoras que están sentados en una mesa llena de papeles, un ordenador, un teléfono y poco más, si acaso alguna plantita, costeada por el propio bolsillo, para dar algo de color y quitar aridez al ambiente.

Se sigue pensando en el funcionario como parásito, con escaso o nulo rendimiento, que no hace más que dar vueltas a los expedientes, poner pegas y salir cada dos por tres a tomar café; o sea que cada vez que puede, se escaquea. Dejaremos para algo más tarde este concepto porque hay mucha lana que cortar e hilar. Es el villano del título del artículo, al menos para muchos ciudadanos.

Parece que los profesores de enseñanzas primarias, medias y superiores no son funcionarios. Pues mire usted por donde también lo son: unos de unas administraciones y otros de otras, porque, aunque muchos no lo sepan, lo ignoren a conciencia o su capacidad craneal no dé para más, hay oposiciones para la enseñanza. Eso sí, esos funcionarios de la enseñanza, tienen que soportar críticas porque “no educan”, sólo enseñan y… ¡dejan la educación en manos de los padres de los alumnos! Esos profesores tienen la obligación de soportar las resacas de los lunes de sus alumnos porque “los niños tienen derecho a botellones y demás” mientras los padres pasan el fin de semana de asueto para soltar el estrés de los cinco días laborales. Estos también entrarían en la categoría de villanos, pero los padres no son capaces de decírselo a sus caras “no sea que la tomen con el niño”

También son funcionarios los del ramo de la sanidad, la policía (en todas sus modalidades), el ejército, los bomberos… pero éstos, con la cuestión de la pandemia, hemos caído en que son héroes. Unos héroes a los que se les recortan los salarios y los derechos y, en muchos casos, se les niega, como a muchos trabajadores, una carrera profesional… pero que nos sacan las castañas del fuego cuando pintan bastos y el aire se vuelve espeso (tal vez por eso nos hemos dado cuenta de que son héroes).

Y ya puestos, otros héroes no menos importantes que hemos descubierto con esto del coronavirus: cajeras de supermercados, reponedores, camioneros farmacéuticos, gasolineros, cuidadores de ancianos, barrenderos… y todos los que, de una forma u otra, nos facilitan que podamos acceder a la alimentación, que no falte el “papeo” diario. Habíamos dejado arrinconado al primer eslabón, los que producen la materia prima: agricultores y ganaderos.

Bien es cierto, que alguna cabeza pensante ha caído en el lapsus y ha intentado arreglar el entuerto, a última hora, con estos agricultores y ganaderos. Cuando pase la pandemia y estemos cada cual otra vez en el status correspondiente, veremos la importancia real que se les da a muchos de estos héroes. ¡Tiempo al tiempo! Poco importa que estos “héroes” no hayan querido, o no hayan sido capaces de conseguir una titulación, o que hayan cortado por la calle de en medio para ganar dinero cuanto antes. Tal vez, en muchos casos, no han tenido más remedio que “ponerse a trabajar”, seamos justos.

Pues, sin menospreciar sino reconociendo en su medida, que es muy alta, las virtudes y esfuerzos de esos héroes, me permito aclarar algunos puntos. Retomo lo de los “villanos” y la consideración de parásitos que hace, entre otros, el señor de la parodia usando la melodía de una añeja canción española, muy famosa en su día. El parodiante se supone que es un señor autónomo, a los que me repito, tengo un gran respeto, consideración y cariño, entre otras cosas porque ¿quién no ha tenido un autónomo en su vida?

Se olvida por una gran parte de la sociedad que estos “villanos” funcionarios son los que hacen las nóminas de los funcionarios “héroes” (porque los héroes también tienen que comer y trabajan para ello), los que tramitan las subvenciones que se les conceden a los autónomos (parece que en un futuro serán más numerosas esas subvenciones) son los “villanos”, igual que los que tramitan los expedientes de apertura de los negocios de los autónomos, para que los ciudadanos tengan la garantía de que esos negocios son seguros para todos; también son los que gestionan los presupuestos de las administraciones en las que TRABAJAN y que, gracias a esa tramitación de las perras presupuestarias, los ciudadanos, incluso ese autónomo cantante, pueden disfrutar de parques, jardines, autopistas, hospitales, paradas de autobuses, casas de la cultura, bibliotecas… y de la garantía de que el dinero de todos los ciudadanos, el de nuestros impuestos, recorre el camino adecuado y no se producen desvíos, aunque a veces no se pueda evitar que alguna mano se meta donde no debiera, pero para eso están los tribunales. Por cierto, ¡también son funcionarios los jueces, fiscales y personal de los juzgados! Porque no es el Ministro, o el alcalde el que tramita los expedientes, entre otras cosas porque no es su función, sino el currito de turno, ese funcionario “villano” que está sentado en su mesa rodeado de expedientes, atendiendo al teléfono y peleándose con el ordenador. ¡Y todavía el “villano” tiene tiempo para ir a desayunar!, porque eso sí, desayuna como todos los trabajadores de todas las empresas.

Por si aún queda alguien envidiando la “buena vida” de esos funcionarios “villanos”, les quiero decir que es muy fácil gozar de sus mismos privilegios: con aprobar las oposiciones es suficiente. Claro que antes deberá haber estudiado en la mayoría de los casos una carrera, haber hecho el correspondiente máster (¡ojo!, sin posibilidad de que se lo regalen), preparar las oposiciones durante dos, tres, cinco o más años en una academia que hay que pagar, sacar cinco o seis horas diarias de estudio y luego, si se va muy bien preparado y se tiene suerte, conseguir una plaza de las cien que salen. Eso sí, hay que dejar en la cuneta a unos cuantos de miles de aspirantes. ¿El premio? Un sueldo justito, muchas veces injusto, subidas miserables de nómina con pérdida de poder adquisitivo en muchísimas ocasiones, congelaciones salariales, cuando no bajadas de sueldos, un estricto reglamento de sanciones por si alguno de esos “villanos” tiene un desliz y encima, tener que soportar que la sociedad los considere parásitos y come bollos. En ocasiones, también esos “villanos” tienen que soportar acoso laboral y marginaciones, amén de los caprichos de algún que otro político venerado por palmeros que los colocan en la hornacina del poder. Y todo ello a cambio de estabilidad en el empleo (algo muy importante para los “villanos”), tener la garantía de que la ley los ampara y de que a final de mes, la nómina sea ingresada en la cuenta del susodicho.

Y es que esos “villanos” trabajan para ese estado del bienestar que se enuncia en la Constitución Española y que a muchos, sin saber qué significa, les rebosa por la boca pero en el que muy pocos creen, para que sea una realidad, o al menos se acerque a la sociedad que deseamos todos los ciudadanos.

Por si todavía alguien tiene suspicacias y cierta reconcoma, esos privilegios de los “villanos” funcionarios están al alcance de cualquier honrado y esforzado ciudadano, solo hay que cumplir dos sencillos requisitos: tener la titulación requerida y aprobar las oposiciones.