Homenaje

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Fuente: http://heaquilahistoria.blogspot.com.es/2013/12/david-seymour-chim-ampliacion.html. Autor: David Seymur

De momento sigo firme en mi decisión, soportando la presión interior y las ganas de gritar a tanto “experto”, de no escribir sobre la pandemia. Entre otras cosas porque soy un ignorante supino de la cuestión científica y me niego a hacer el ridículo y crear confusión echando humo y falsas conclusiones. Los que no tengan reparos en hacerlo, allá ellos con su problema. Intentaré, eso sí, aportar un granito de arena, por si sirve, para cuando pase esta peste del Siglo XXI.

Tal vez, cuando todo el apocalipsis sea un recuerdo, cuando hayan cicatrizado las tantas heridas y desgarros que dejarán los que se han ido definitivamente, sea el momento de plantear un homenaje a esa maravillosa generación que se nos fue. Pero no un homenaje al uso (coronas de flores secas, marchas, desfiles, música de chelo y monolitos vacíos), no un homenaje para que los de siempre salgan en las pantallas de plasma y hagan declaraciones rimbombantes de las que se olvidan a los cinco minutos porque nunca tuvieron otra intención que justificarse ante ellos mismos. El homenaje debe ser mucho más profundo, más constante en el tiempo y en el espacio, tan alargado que no pare hasta que se consiga el sueño de esa generación que se nos ha ido: el cambio radical hacia una sociedad mejor, una sociedad en la que la persona humana, en toda su extensión y contenido, sea el centro, sin más adornos.

Esa generación que levantó el país luchando contra la ruina y los escombros merece nuestro respeto, la admiración ya la tiene. Ahora es necesario que demostremos nuestro respeto y que lo concretemos. Porque esa generación que desaparece luchó contra todo, incluidas irracionales imposiciones de falsa moral y religión oficial. Y tuvo que levantar una nueva sociedad, un nuevo país sobre los derribos morales, económicos y sociales que dejó el vandalismo cainita.

Vuelve, cómo no, la ciencia cabalística: el número tres. Corresponde a la tercera generación rendir ese homenaje. Si la cabalística se cumple y el número tres es el número perfecto, esta tercera generación está predestinada a culminar el éxito y pasar a la historia como la que cumplió las expectativas y esperanzas de la generación que hoy se nos está marchando.

Ahora, la tercera generación debe tomar el testigo para construir una sociedad nueva en la que los principios barran falsos privilegios que nunca debieron existir. Es la hora de reponer derechos atropellados y usurpados, arrebatados de mala manera a sus propietarios: los ciudadanos.

Esta tercera generación, ¡qué suerte ser la poseedora del número 3!, debe actuar desoyendo los cánticos de fraudulentos profetas y mesías, falsarios de doble vida y triple moral; debe dinamitar los pilares enfermos de aluminosis por los vicios y las malos hábitos de una sociedad caduca. Hay que poner nuevos cimientos para edificar una sociedad distinta que, no será muy difícil, mejore ostensiblemente la actual. Para ello habrá que arrojar fuera a sanguijuelas y proxenetas de pestilentes lupanares ajenos, llenos de inmorales acuerdos y cómodos e interesados contratos, faltos de principios que producen beneficios rezumantes de suero de seres desvalidos y abandonados por la fortuna. Hay que limpiar de morralla, la escoria y la basura de todo el solar hasta dejarlo como una patena. Solo así se podrá construir y hacer realidad el edificio soñado por esa generación que nos deja.

Es el homenaje, el mejor homenaje, que merece la generación que nos abandona: que la generación que llega, la poseedora del número 3, levante una sociedad nueva sobre los cimientos que dejó la anterior, una vez voladas las columnas contaminadas por esta sociedad corrupta.