Hufflepuff, cuando cumples años es más evidente

Los hufflepuff somos los que apoyamos al héroe, alguien tendrá que hacerlo. Estamos en una discreta segunda fila intentando hacer que la gente disfrute de la cena mientras el gryffindoor narra su último viaje a la África más recóndita.

234
Hogwarts. Europa Press

El fin de semana pasado fue maravilloso. De canciones, de abrigos bonitos, de libros y tertulia. Supongo que, en realidad, poca gente en el mundo puede juntar a sus amigos y amigas y hacer una cena. Si algo me gusta del catolicismo, de hecho, es esa obligatoriedad de repartir el pan cada domingo. Si, además, ajustamos el hecho de que con los amigos también tengo mucha suerte, puedo considerarme un tipo afortunado. Más afortunado y, desde el domingo, de Hufflepuff.

Hufflepuff, cuando cumples años es más evidente

Hasta el domingo siempre me pensé un gryffindoor de ley. Alguien endiabladamente intrépido que lucha contra el mal incluso estando malherido. No obstante, ella (ya la conocen, es la misma ella de cuando fui a Asturias) me regaló la entrada a la exposición de Harry Potter y, cuando nos levantamos el domingo, me di cuenta de que más que atrevido o intrépido, me llamaría a mí mismo paciente y tranquilo. Un gryffindoor al uso estaría haciendo otra cosa, se hubiera ido a dormir más tarde, habría bebido más.

Entre mis libros me confieso, le tengo más fe a la justicia que a la aventura. No hay que tener complejos al respecto. Los hufflepuff somos los que apoyamos al héroe, alguien tendrá que hacerlo. Estamos en una discreta segunda fila intentando hacer que la gente disfrute de la cena mientras el gryffindoor narra su último viaje a la África más recóndita. El tipo queda bien contando que allí comen de una forma o de otra. Hace canela en el oído del público incluso cuando cuenta que estuvo cinco días sin ducharse. Yo también le oigo contar sus anécdotas, disfruto (¡Cómo no hacerlo!) de ellas.

¿Harry Potter? “Always”.

Por cierto, en la exposición de Harry Potter uno vuelve a tener diez o doce años. Ella me pregunta qué es esto y aquello. Yo se lo voy contando y disfruto haciéndolo. Vemos los trajes (unos majestuosos, otros plegados al personaje), varitas de todo tipo. No falta detalle, de hecho puede uno incluso jugar un poco al quidditch. Disfruto soñando con hacer levitar una taza de te y lanzando la quaffle.

Hay algo que acabo de descubrir y creo que es un deber compartirlo. Los expecto patronum, un conjuro en el que el hechicero revela su personalidad haciendo aparecer un animal feliz, se transmiten. Harry Potter heredó el de su padre. Tonks, la aguerrida aurora (una especie de policía), acoge a un hombre lobo en honor al ser amado. Snape, ese maravilloso personaje, el de Lily Potter, a la cual amará sin condición para siempre.

La de Harry Potter es una gran historia porque todo el que la lee sabe que Potter no hubiera llegado tan lejos si no es por Ron y Hermione. Además, nos devuelve cierta esperanza en el amor (esa que es tan fácil perder) y, por ende, en la humanidad. Han pasado las navidades, pero no la oportunidad de regalar algo. Si tienen por casa a alguien con esa edad “entre el sueño y la vigilia” (que diría Campanilla), háganle un favor y regálenle Harry Potter y la piedra filosofal. Si todo sale bien, los otros seis caerán por sí solos.