Debbie confirma que es imbécil y el resto de Shameless sigue estando muy bien

La séptima temporada de Shameless concluye y nos deja vergüenza ajena por Debbie y gusto en todo lo demás.

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Carl y Debbie sigue a Frank en un plan hilarante en Shameless. Oficial

Shameless sigue su línea de mostrar la cara b de los Estados Unidos de América, es lo más apasionante de la serie, pero es fácil perder la visión de qué se quiere mostrar y de qué puedes hacer un esperpento. El esperpento es Frank y su relación con el mundo en el que vive, esa supervivencia de pícaro perverso del Siglo XXI, el gran fallo de las últimas dos temporadas es hacer que Debbie entre en ese mundo.

Llevamos ya tiempo sospechando que esta niña es imbécil. Para atar a un mozo opina que lo mejor es quedarse embarazada. Y ya está, eso es todo. Creo que hubiéramos aceptado el barco de que Debbie se hubiese quedado embarazada como resultado de lo que es una vida alejada de la educación, pero está fuera de lo razonable creerse que una chica que parecía tan inteligente, de repente, decida quedarse fuera de su propia independencia, no por tener un churumbel, sino por tener un churumbel para retener a alguien.

Shameless es una serie esperpéntica en muchos sentidos, pero sus personajes tienen logica, Debbie, al contrario, da unos terribles bandazos que hacen que un servidor de ustedes haya terminado por desear que salga de la escena. Lejos de hacer al público partícipe del esperpento, como sucede con Frank, Debbie no causa más que vergüenza ajena.

Sucede, además, lo siguiente: Los personajes malvados a la postre nos parecen entrañables. Voldemort es alguien a quien los seguidores de la saga de Harry Potter hemos cogido un cariño freudiano. Debbie no, el odio hacia Debbie deviene de que da vergüenza ajena. 

Aparte de esto, los guionistas de Shameless son algo quisquillosos; primero hicieron a un Ian Gallagher bifóbico y luego hicieron una relación LGTB de lo más dignificante. No sabe uno ya qué pensar. En cualquier caso, si bien la crítica política caería bien, el formato en que lo tratan es realista y cabría pensar que ahora mismo el personaje de Ian aceptaría la sexualidad de prácticamente cualquiera. Arriesgado, criticable… pero con una trama evolutiva más que notable. El personaje empezó siendo una cosa y parece que hoy es toda lo contrario, prueba de ello es su final de temporada (en el penúltimo episodio) [SPOILER] cuando asume su inestabilidad y hace lo razonable.

Fuera de toda duda, como una contraposición clarísima de su hermana pequeña, Fiona. Ha debido leer que, como dijo Virginia Woolf, una mujer necesita una habitación propia y tres guineas. Su línea ha sido junto a la de Lip y su autodestrucción la redención de una temporada que, en este sentido, no puede haber sido más intensa. Lip y Fiona constituyen los pilares básicos de esa familia desestructurada de gente que busca su sitio en el universo. Los momentos de Fiona con Etta son de lo mejor de la historia de la serie.

Y luego están Kev, V y Svetlana… O V, Svetlana y Kev… Su función es divertir y divertir más y más, y más, y cuanto más mejor y, entre tanto, dar algún pildorazo de humanidad a cosas que siguen pareciendo intangibles. Como tal hay que tratarles.

En conclusión, Shameless sigue siendo la versión proletaria de Modern Family, la comedia agria y realista. Y sigue siendo recomendable, pero Debbie es al show lo que el tabaco a los pulmones, ojalá se meta en una escuela militar o le hagan ver la luz.