Inauguración de la exposición de pintura ‘Cal y Carbón’ de Estefanía Hernández y Patricia Rivero

Mañana 12 de febrero, a las 18.00 horas, en el centro integral de El Palillero. La muestra se podrá visitar hasta el 29 de febrero.

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Andalucía al Día, exposición Cal y Carbón

Tanto Estefanía Hernández Guerra como Patricia Rivero Moreno presentan sólidos puntos en común: ambas son ubriqueñas, poseen -a pesar de su juventud- una dilatada carrera artística repleta de reconocimiento, y la ciudad de Granada ocupa un lugar central en su formación académica. Fuera de estas características, las dos generan un binomio artístico tan antagónico como complementario, en el que las visiones contrapuestas de una misma realidad se integran en un mismo objetivo, dando -así- origen a una estética propia difícil de encasillar en moldes inamovibles.

Estefanía Hernández Guerra (Ubrique, 1984), nos adentra en traducciones de una realidad marcada por rostros expresivos, miradas penetrantes, arrugas hirientes que marcan silencios en el que contempla su obra. Su colección presta abolengo a personajes anónimos, antihéroes sociales, que en la mano de esta “artista artesana” -como ella misma se define- cobran la dignidad que solo la tradición pictórica ibérica ha sabido fielmente reflejar y perdurar a lo largo de siglos; consiguiendo mutar lo esperpéntico e irrisorio a una categoría de serenidad casi apolínea, donde -por paradójico que pudiera resultar- lo extravagante y obscuro, lo visceral y esperpéntico, se desfigura en líneas mesuradas y fondos sobrios.

Tan antagónica, como la cal al carbón, es Patricia Rivero Moreno (Ubrique, 1987), una creadora que zambulle al visitante en la recreación más hedonista de sus sentidos, a través de una contemplación del patio andaluz enfocada desde una perspectiva que sería -excesivamente- injusta y simplista definir como naíf, pues su paleta cromática y distribución de formas encierra un arte sofisticado y exquisito que supera cualquier definición estereotipada. Lo cotidiano, bien sea plasmado a modo de macetero, una máquina de coser o una bombona de butano, sirve para impregnar al intimismo perenne de este trozo de hogar al aire libre de un perfume espontáneo y renovador, que traspasa las lindes de las atmósferas amaneradas y costumbristas, dotando a sus cuadros de un inusitado grado de autenticidad que deja patente la franqueza y lo sincero de su arte.